Ocho trucos para aprovechar hasta los tallos de los puerros

Consejos para convertirte en una maestra de la cocina de aprovechamiento utilizando aquello que normalmente despreciamos.

Aprovechar lo que habitualmente acaba en el cubo de la basura sin que lo pensemos dos veces. Estos días de confinamiento seguirá siendo difícil acudir a los mercados con normalidad y será necesario ingeniárselas para sacar el máximo partido a todo de los que disponemos. No vamos a tirar ni el tallo de los puerros.

Precisamente con los tallos de los puerros, los rabos de las cebolletas y la piel de las zanahorias, todo bien limpio, podemos hacer un caldo para consomé. Podremos hacer sopa añadiendo fideos y si queremos que sea más contundente, incorporamos un huevo para que hierva con los fideos. Si durante la cocción también agregamos una cucharadita de vino blanco le daremos muy buen gusto a la sopa. Otra opción es reservar este caldo para los fondos de arroz, y elaborar paellas o arroces con verduras, carnes o pescados, lo que tengamos en la despensa. El arroz, por cierto, nos sirve para sacar raciones de restos de recetas que hayamos hecho con legumbres, como lentejas o potajes con alubias o garbanzos.

Nuestro siguiente objetivo es aprovechar las patatas y todo lo que nos ofrecen, concretamente las mondas para hacer chips. Para poder utilizarlas, dejaremos en remojo las patatas, luego las cepillaremos bien con un cepillo limpio y las enjuagaremos. Después las secamos y retiramos las mondas de las patatas para pasarlas por la sartén o el horno y conseguir un crujiente aperitivo. Este snack de monda de patata no es lo único con lo que podemos incorporar la piel de estos tubérculos a nuestra alimentación, pues también podemos hacer puré, si las infusionamos previamente en leche, o introducirlas en caldos. Las mondas contienen vitaminas y minerales como el resto del tubérculo.

Lo mismo haremos con las cáscaras de las frutas, de las que podremos elaborar aguas infusionadas y mermeladas, o utilizar las ralladuras para repostería y ensaladas. La piel de las fruta encierra antioxidantes, fibra y mucho aroma y sabor, por lo que sería un gran error desperdiciarlas. Con tres o cuatro cáscaras de lima haremos una bebida refrescante si las introducimos en la licuadora con agua, un poco de azúcar y mucho hielo. La cáscara de la naranja la podremos usar para rallarla sobre el arroz con leche, así le daremos un toque diferente, y después de secada al sol podemos incorporarla a nuestras infusiones de para darles un sabor especial. Prepararemos también un jugo de manzana con su cáscara, para ello tendremos que hervirla con un poco de clavo y azúcar. Por último, probaremos la carne vegetal con la cáscara de plátano: después de dejarla secar tres o cuatro días, se reboza en huevo y harina, sal y pimienta, se fríe y se sirve caliente.

Con las cáscaras de las frutas podremos reservarlas y hacerlas, antes de que pase el tiempo óptimo de maduración, escarchadas. Esta técnica culinaria nos permitirá aprovechar los restos de frutas y transformarlos en golosinas naturales con un poco de azúcar. Servirán además para acompañar ensaladas o dulces caseros. Primero lavaremos bien los trozos (es conveniente no mezclar distintas frutas), luego los herviremos 10 minutos para quitar el amargor, los dejamos en agua 24 horas (cambiando el agua cada ocho horas) y, por último, las iremos pasando de frío a calor, e incorporando su almíbar.

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