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Pimientos rojos asados, fáciles de hacer y un ingrediente muy versátil en la cocina

Se pueden salvar todas las cenas de una semana sin apenas encender el fuego y sin necesidad de repetir un plato igual al anterior si eliges ingredientes como los pimientos asados.

Es bastante habitual encontrarse a alguien que, en conversaciones informales y cotidianas que derivan en temas culinarios, achaca a la falta de tiempo, gusto o conocimientos -o una mezcla de todas ellas- el desapego que sufre con sus fogones, que viene a ser lo mismo que lo que otras personas más realistas y sinceras expresan con un sencillo: “Paso de cocinar en casa”, o similar. Cuesta mucho ayudarles a cambiar sus hábitos y convencerles de que en realidad se pueden salvar todas las cenas de una semana sin apenas encender la vitro y sin necesidad de repetir un plato igual al anterior.

Y no, no nos referimos a bocadillos cada dos días y entre medias un huevo frito, al que por cierto respetamos y valoramos como se merece una institución de la gastronomía popular española que tanta hambre ha apagado. Nos referimos a sencillos trucos culinarios que son muy útiles para alguien que nunca ha cocinado, como por ejemplo asar unos pimientos rojos cada vez que vayas a hornear una pizza precocinada. Las primeras dos veces, como mucho, preferirá la pizza, pero a la tercera ya no estará malgastando la energía de su horno en ella porque querrá usar ese espacio para asar otra segunda bandeja de esta verdura que cocinada con calor intenso y bien aliñada es uno de los ingredientes más polivalentes, efectivos y ricos de la cocina casera.

Paso a paso para los pimientos perfectos

El nivel para conseguir unos buenos pimientos rojos asados es increíblemente fácil. No hay ser humano en el mundo que no sea capaz de escoger cuatro o cinco pimientos con buena cara en su comercio de confianza, ponerlos en una bandeja de barro o cristal y esperar a que doren hasta incluso ver cómo se tuesta su piel. Puedes pintarlos con una pizca de aceite de oliva virgen extra antes, pero este es un paso opcional.

El proceso tiene una única dificultad: calcular bien el tiempo, algo que depende mucho de la eficacia del horno, de manera que siempre es mejor pasarse un poco que quedarse corto hasta pillar el punto adecuado. Piensa que la piel protege a la carne del pimiento y que cuanto más asado esté, más sencillo es retirarla porque se habrá despegado. En cambio, si los dejas corto de horno, tendrás muy difícil poder pelarlos antes de aliñarlos a tu gusto. Los trucos para que esto no te pase son darles la vuelta a la mitad del horneado con mucho cuidado para no quemarte, observar que la piel se arruga de forma evidente, y calcular que una cifra media sobre la que suelen estar listos es 50 minutos a una temperatura de 180 grados.

Para prepararlos, solo hay un ingrediente que es innegociable: el aceite de oliva virgen extra. Un baño hasta cubrirlos por completo en la mezcla de este y el agua de cocción que sueltan los pimientos ya horneados y abiertos es para esta verdura como zambullirnos en el Caribe para nosotros. Pero para ello, tendrás primero que abrirlos bien sobre un recipiente en el que puedas salvar todo el agua y retirar tanto la piel -saldrá sin esfuerzo si los has horneado lo suficiente- como las pepitas blancas. Para esto último, un truco para ganar tiempo es colar bien el caldo que sueltan los pimientos antes de mezclarlo con el aceite y las tiras de pimiento rojo que has hecho de forma manual.  Por lo demás, hay quien los prefiere así de sencillos, con una gota de sal como tercer ingrediente, o quienes prefieren añadir alguna especie. Si te atreves con esto último, prueba con el comino porque encaja a la perfección con el pimiento asado.

pimientos
Pimientos rojos (Foto: iStock)

Una vez los tengas cubiertos por la mezcla citada del agua de cocción y el aceite dentro de un tupper o bote de cristal, mantenlos en la nevera mientras les conviertes en la estrella de tus cenas de la semana, ya sea como acompañamiento de un pescado o de una carne, o como ingrediente principal de platos tanto fríos como calientes.

Por ejemplo, los pimientos asados son una forma excepcional de introducir un hábito saludable en tu dieta porque son una alternativa magnífica a las patatas fritas, y también son compañeros de baile perfectos de productos como el queso de cabra, con el que van fenomenal sobre un buen pan, en tostas, o de pescados en conserva como el atún o el bonito en aceite -en muchos restaurantes de corte clásico donde se maneja buena materia prima sigue siendo un entrante infalible la ventresca con pimientos asados-. Pero si hay un estilo de recetas a las que sacan todo su brillo unos pimientos rojos asados, esas son las ensaladas.  Da igual la fórmula que sigas para hacerlas: termínalas con unas tiras de tus pimientos caseros y alíñala con la mezcla de aceite y agua en la que se mantienen conservados los pimientos. El resultado, de esta forma, es un sobresaliente asegurado. 

Un sinfín de posibilidades

Pero no pienses que aquí acaba su funcionalidad, ni mucho menos. Estas son ideas para principiantes o personas con pocos deseos de complicarse la vida en la cocina. Si quieres dar un paso más allá en el nivel de dificultad, los pimientos asados te acompañarán encantados: esta coca de foie, esta tarta de pimientos y este bacalao con pimientos y garbanzos son tres retos que te proponemos para ello y que además sirven como ejemplo de su polivalencia y su capacidad para mejorar recetas.

Después de descubrir las bondades culinarias de este manjar tan sencillo de elaborar, verás como nunca más vuelves a desaprovechar la ocasión de asarlos cada vez que tengas pensado encender el horno.

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