Trucos para conservar el queso en casa

La temperatura, el envoltorio e incluso el lugar que ocupan en la nevera son algunos de los factores clave que hay que tener en cuenta a la hora de mantener el queso en buenas condiciones. Te contamos todo lo que tienes que saber.

El queso es uno de los alimentos más deliciosos y adictivos. Si pensamos en la nevera de cualquier casa, raro es que en ella no haya al menos una cuña de este derivado lácteo. A pesar de tratarse de uno de los productos más consumidos, lo cierto es que no sabemos tanto sobre él como pensamos. No nos referimos únicamente a los mitos que lo rodean, sino también a todo lo referido a los métodos más ideales para su conservación.

Este derivado lácteo es un producto vivo (es decir, sigue madurando una vez está en el mercado y en nuestra casa) cuya conservación suele ser objeto de bastantes dudas. ¿Es mejor dejarlo fuera o dentro de la nevera? ¿Lo guardo en un táper o envuelto en film de plástico? Tener en cuenta estas cuestiones (entre otras) es clave para disfrutar de nuestro queso favorito durante mucho tiempo. Además, has de saber que cada variedad de queso, por su propia naturaleza, exige unos requisitos diferentes. Si alguna vez has echado a perder este producto simplemente por no haber tenido en cuenta el modo de ideal de conservarlo, entonces esto te interesa. 

¿A qué temperatura tiene que estar el queso?

Como hemos mencionado anteriormente, el queso es un producto vivo que no deja de madurar. En este sentido, has de saber que el calor acelera este proceso, mientras que el frío lo ralentiza. Aunque siempre se recomienda consumirlo a temperatura ambiente, esto no aplica a su modo de conservación, que ha de ser en frío.

Partiendo de esta base, hay que tener en cuenta que no todos los quesos son iguales, por lo que su temperatura óptima de conservación no es la misma. Por ejemplo, si estamos ante un queso de pasta dura y semidura (parmesano, gouda o manchego), lo ideal es que lo mantengamos entre los 8 los 12 grados. Por otro lado, los de corteza blanda (rulo de cabra o brie) se mantienen mejor entre los 4 y 8 grados, mientras que los quesos azules requieren de bastante frío, siendo entre los 2 y los 4 grados su temperatura óptima. A este derivado lácteo también le afecta mucho la humedad, siendo el nivel perfecto entre 70 y 80%.

El envoltorio también importa (y mucho)

La mayoría de los quesos suelen venir envueltos en plástico al vacío o en papel transparente. Al no facilitar la transpiración, estos materiales no solo perjudican su conservación sino que también afectan a su sabor final, pues el queso acaba 'absorbiendo' el gusto de este material. Y no, tampoco es recomendable guardarlo en un táper o en papel de aluminio. De hecho, es uno de los errores más frecuentes que cometemos con el queso. Lo ideal es utilizar papel de horno, encerado o microperforado.

Si hablamos de queso azul o de pasta blanda, lo ideal es utilizar un trapo humedecido con agua para que conserven mejor la humedad. Si es curado, lo tenemos muy fácil, basta con introducirlo en la típica quesera de vidrio. Por su parte, el queso fresco requiere de más cuidados a la hora de conservarlo y además, su duración es mucho más corta. Lo ideal para mantenerlo en buenas condiciones es guardarlo en una tartera hermética en la que el fondo esté cubierto con papel de cocina. Eso sí, acuérdate de cambiarlo con frecuencia, pues de lo contrario el queso absorberá el aroma del papel.

No vale cualquier lugar de la nevera

En lo referido a la conservación del queso, nada puede dejarse al azar. Esto incluye, por supuesto, su lugar en la nevera. Los expertos recomiendan situarlo en el cajón de las verduras o en la bandeja central.

Una vez que tienes claras las claves para que tus quesos favoritos te duren más tiempo, toma nota de nuestros consejos para maridar queso y vino como una auténtica experta.

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