Revista Mía

El coco, la fruta repleta de propiedades que tienes olvidada

La otorgamos el protagonismo que merece a esta fruta superversátil de la que se ha celebrado este día 2 de septiembre su Día Mundial.

Este dos de septiembre se ha celebrado un nuevo Día Mundial del coco, una fruta tropical que en España utilizamos poco en comparación con otras culturas gastronómicas de renombre.
La globalización ha facilitado la introducción en restaurantes y menús caseros de ingredientes propios de otras cocinas, y esto ha hecho que derivados del coco, como su leche o su aceite, se hayan convertido en habituales en algunas despensas. Pero, pese a esta realidad, o a que se utiliza en repostería, sobre todo rallado, no podemos decir que todavía el uso del coco esté muy extendido en España. Desde luego no a tomarlo entero; eso de comprar un coco y abrirlo no es para nada algo que hagamos mucho en estos lares. Lo asociamos a vacaciones tropicales, a playa y disfrute, pero no a la cocina de casa.
Quizá deberíamos pensar en cambiar un poco esta perspectiva, ya que el coco es una fruta muy versátil y nutritiva, especialmente si se consume entera, ya que la mayoría de sus nutrientes se encuentran en su carne. Rica en fibra, según la Fundación Española de Nutrición (FEN) es la más calórica de las frutas —100 gramos de pulpa nos aportan 342 calorías—, y aporta pocos hidratos de carbono y proteínas, pero su contenido en fibra y minerales como el selenio, el fósforo, el hierro y el potasio, y vitaminas como la C y la E es muy interesante. 

Una fruta presente en todo el mundo

No es de extrañar que el coco tenga su Día Mundial en el calendario de efemérides de alimentación porque es una fruta tropical extendida por todo el mundo. Su cultivo, por motivos climáticos, se da en países tan alejados entre sí como Brasil, Indonesia o Sri Lanka, entre otros.
En estos países, como en la India y en los demás países donde se cultiva, se considera un ingrediente capital en la dieta del lugar. No solo por la versatilidad que ofrece a la hora de cocinar, sino también porque es una fruta rica en agua. Tanto que se puede beber directamente de su interior, de manera que se trata de una fuente de hidratación natural.
Del coco se puede comer, además, su pulpa fresca, lo cual es la mejor forma de obtener sus nutrientes, que están intactos, pero también se obtiene aceite vegetal, grasa, leche o harina, entre otras elaboraciones derivadas de esta fruta, con la que también puedes hacer salsas llenas de personalidad —para los mejillones, por ejemplo—.
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Leche de coco

Entre los hándicaps que explican por qué en España no está tan extendido su consumo en fresco, la cercanía es el más decisivo. Nuestro clima, con excepciones muy puntuales, no es propio para el cultivo de esta fruta tropical. Pero hay más factores: la dificultad para abrirlo —da pereza y respeto ponerse, y hay que practicar y saber los trucos antes de acertar y hacerlo rápido y bien con regularidad— es la más reseñable seguramente. Nos hace gracia que nos lo abran y preparen, pero si tenemos que ser nosotros quienes lo hagamos esa gracia se pierde por completo.
Además, es una fruta grande que una vez abierto ha de consumirse relativamente rápido. No es como la sandía o el melón, por ejemplo, que aguantan días abiertas en el frigo, o como otras frutas tropicales que sí se han extendido en España como el mango, cuyo tamaño permite consumirlo de una sola vez. Si el coco no se toma rápido, lo habitual es que no aguante más de tres días abiertos en la nevera. Y el coco no siempre apetece a diario por su peculiar sabor.
En cambio, como decíamos antes, es superversátil en la cocina, de manera que te animamos, si lo encuentras entero en tu tienda de confianza, a que aproveches la oportunidad y te lo lleves a casa. Recuerda que para elegir un coco en su estado óptimo de maduración —puede aguantar unos dos meses listo para consumir—, hay que agitarlo y comprobar si tiene agua en su interior.
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Trozo de coco

Lo normal es que estos cocos sean gigantes, que es la variedad de la Cocos nucifera cuyos frutos se venden para consumo en fresco. También para hacer aceite. Son menos dulces pero tienen mucho más contenido en agua.
Las otras dos variedades son los enanos, que se utilizan para hacer bebidas envasados por la intensidad del sabor de su agua, y los híbridos, de tamaño mediano, que también se pueden consumir enteros. Como te puedes imaginar, se trata de un cruce entre las dos primeras variedades. 
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