¿Sólo un bulto... o un tumor?

Si te has notado un bultito (en la axila, en el cuello...) no te alarmes -el 80 % de ellos son benignos- pero es importante que aprendas a diferenciarlos y que acudas al médico para descartar una inflamación de los ganglios.


A  todas nos ha salido alguna vez un bulto en el cuerpo, pero algunos nos inquietan más que otros. Por supuesto, en función de si conocemos o no su causa: si nos damos un golpe y nos sale un chichón, asumimos que es su consecuencia; si tras depilarnos aparece un golondrino, sabemos que se nos ha infectado un folículo piloso. Pero si notamos un bulto en el pecho o en la garganta, en nuestra mente surge la palabra ‘tumor’, ‘Me ha salido un bulto, ¿será un tumor?’. En realidad, sí, porque tumor es como se denomina en Medicina a lo que nosotros llamamos bulto: un tumor no es sino una alteración de los tejidos que produce un aumento de volumen y, por lo tanto, un agrandamiento anormal de una parte del cuerpo.


¿Cuándo acudir al médico?


El Dr. Ángel Marcos  Rodríguez, de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria  (SEMERGEN) nos dice que:

“Aunque la inmensa mayoría de los bultos o tumores son benignos, en ocasiones pueden ser el signo de un proceso cancerígeno. Por eso es conveniente saber cuándo acudir al médico. Así, por ejemplo, cualquier bulto en la mama o en la axila deberá ser valorado por un ginecólogo; es muy habitual que sea un quiste, y a menudo se aspira su contenido y analiza por si hay alguna célula maligna. En todos los casos se recomendará una mamografía. También hay que consultar al médico ante la presencia de un bulto en el cuello. Normalmente, con la palpación el especialista sabe si se trata de un nódulo, pero siempre se pedirán pruebas complementarias, para valorar si hay una patología del tiroides, un nódulo coloidal... Obviamente, siempre que haya malignidad habrá que actuar y el oncólogo decidirá cómo abordarlo; cuando se trata de un proceso benigno, la extirpación suele obedecer más a criterios estéticos: a nadie le gusta tener un bulto en la cara o en el antebrazo… También se suelen extirpar los quistes sebáceos para evitar que se infecten, pues suelen dejar como secuela una fibrosis cicatricial”.


Aprende a diferenciarlos


La inmensa mayoría de ellos son benignos; es decir, sus células permanecen juntas y no se extienden a otros tejidos. En los malignos, las células cancerígenas crecen rápidamente y pueden dañar e invadir otros tejidos, provocando metástasis. Pero éstos, como decimos, son una minoría.

Esta guía te ayudará a diferenciarlos. No te lleves sustos innecesarios y aprende a actuar a tiempo:


Quistes


Son pequeñas bolsitas que contienen fluido o material semisólido. Algunos son enormes, pero eso no quiere decir que sean peligrosos. Los más habituales son los sebáceos o epidermoides, que se forman por la obstrucción de una glándula sebácea que impide que el sebo salga al exterior. Si esta obstrucción persiste, se forma una bolsita redondeada bajo la piel. Es posible que, a través de un poro, pasen gérmenes, infecten el sebo y formen un absceso con pus que hay que drenar y tratar con antibiótico. Tras un tiempo, se puede extirpar para evitar que se infecte.


Además, existen otros quistes, llamados tricolémicos, que se localizan casi siempre en el cuero cabelludo. Con frecuencia son múltiples y pueden afectar a varios      miembros de una misma familia. Son dos veces más frecuentes en mujeres que en hombres, suelen aparecer en la mediana edad, se calcifican con frecuencia (se rompen con dificultad), no suelen tener poro y es raro que se infecten.


Acumulaciones de grasa


Aparecen bajo la piel (por eso, se confunden con los quistes sebáceos), y se denominan lipoma. Sin embargo, se diferencian mucho de éstos: son sólidos, de tejido adiposo, y toda su estructura es igual. No se infectan, ya que no se comunican con el exterior por un poro.


Al igual que los quistes, no suelen dar más problemas que los estéticos o producir cierta incomodidad. Se pueden quitar con una pequeña cirugía o por aspiración (liposucción), aunque en este caso puede que no se eliminen por completo.


Forúnculos


Se trata de bultos en las axilas. Se deben a una infección de las glándulas sudoríparas que desembocan en la salida del vello de la axila; esta infección obstruye el sudor, con lo que las bacterias proliferan y se forma un bulto o quiste que puede ser doloroso al tacto.
Este tipo de bultos siempre tiene una cápsula; es decir, una estructura que envuelve el contenido y que produce líquido. Se debe drenar, tratar con antibióticos y, sobre todo, extirpar la cápsula.
En cualquier caso, siempre que tengamos un bulto en la axila debemos consultar con el médico, sobre todo si no es doloroso, pues podría ser un tumor cancerígeno. Es posible que el especialista recomiende una mamografía para descartar un proceso maligno.


Nódulos


Suelen  ser sólidos, redondos y se desarrollan en la superficie de un tejido u órgano. Cuando son cutáneos, se detectan mediante palpación y pueden asemejarse a una pequeña bola. Los nódulos también suelen afectar a algunos órganos. La mayoría de ellos son benignos; no obstante, cuanto mayor es su tamaño, mayor es la sospecha de su malignidad (especialmente, si entre dos exploraciones sucesivas cambian bastante de tamaño).
En el caso de que aparezcan en la glándula tiroides, sólo el 3,5 % suelen ser malignos. El resto obedecen al hipotiroidismo, deficiencias de yodo, etc.

Bultos


En las ingles, axilas, el cuello... Se conocen como adenopatías. Es decir, inflamaciones de los ganglios, generalmente benignas, que con frecuencia están provocadas por una infección.

También, aunque menos frecuente, se deben a procesos reumatológicos, y en alguna ocasión a un tumor cancerígeno. Por eso, el médico debe hacer un diagnóstico diferencial entre quistes, nódulos, lipomas y adenopatías. Si se confirma esto último, tiene que valorar si es bueno o malo. Recuerda que la incidencia de procesos cancerosos aumenta a partir de los 50 años. Y, si el ganglio mide más de 4 cm, siempre hay que hacer una biopsia. Asimismo, si está situado sobre la clavícula, tiene que estudiarse (en esta zona se eleva el porcentaje de malignidad).

Y en el pecho, la mayoría de ellos son sencillamente abultamientos de zonas de tejido normal de la mama, por lo que no entrañan riesgo. Los fibroadenomas son los tumores mamarios más frecuentes en las mujeres antes de la menopausia, y están relacionados con cambios hormonales. Son de crecimiento lento, normalmente indoloros, redondeados y presentan mucha movilidad dentro de la mama. No hay necesidad de extirparlos (uno de cada tres se reduce o desaparece por sí solo en dos años), aunque se puede optar por hacerlo si aumentan de tamaño, por deformidad estética o molestias.


En las mujeres más jóvenes, la mastopatía fibroquística –en la que notamos zonas más o menos irregulares en el pecho y la sensación de pequeños bultos- es la enfermedad más frecuente que aparece en la mama. Su origen es hormonal, es una enfermedad benigna y su diagnóstico se completa mediante mamografías y punciones con aguja.

Por: María Corisco.

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