Revista Mía

La castaña: la gran desconocida

La castaña llega con el frío del invierno para aportarnos nutrientes y, también, toda la magia que arrastra desde la Antigüedad. Se dice que atrae la prosperidad y la Fortuna.

La castaña llega con el frío del invierno para aportarnos nutrientes, pero también toda la magia que arrastra desde la Antigüedad. Se dice que atrae la prosperidad y la fortuna.
Ha sido un recurso alimenticio muy importante a lo largo de los siglos (las castañas se pueden comer crudas, hervidas, asadas o dulces). Antiguamente se conservaba para poder consumirla todo el año, por su calidad nutritiva (en la Edad Media la escasez de harina de cereal, llevó a utilizar las castañas como principal fuente de carbohidratos). De hecho, se las llamaba el pan de los pobres pues secas, peladas y molidas se hacía con ellas un pan tosco pero nutritivo. Oriunda de Asia Menor, la castaña fue muy apreciada en las civilizaciones antiguas (China, Grecia, Roma o Egipto), donde se creía que tenía beneficios mágicos para la fecundidad y la prosperidad. En Europa arraigó su uso sobre todo en las culturas de origen celta; en España, lo hizo concretamente en Galicia, el Bierzo o Asturias, lugares donde las castañas están todavía muy presentes en muchos de los ritos populares y forman parte del recetario mágico familiar desde tiempos ancestrales.

Una tradición milenaria

Para los celtas, el castaño era  el árbol del pan, es decir, el árbol sagrado de la vida. La enorme vitalidad y capacidad de desarrollo con poca luz permite al castaño elevarse y sobrevivir en las circunstancias más adversas, por eso, se le llamaba el cuerno de la abundancia y, por eso, su fruto se utilizaba en las celebraciones de uno de los días más importantes del año para ellos, el 1 de noviembre, cuando se cambiaba de estación, comenzaba un año nuevo y los muertos regresaban para comunicarse con los vivos. Todo comenzaba la noche anterior con una fiesta que exaltaba la fecundidad, la prosperidad y la amistad a través de las castañas asadas al fuego en hogueras hechas en el campo, acompañadas de pan y vino y que terminaba con el relato de historias de miedo y leyendas, contados por los mayores del lugar.
En España cada vez celebramos más la noche de Halloween siguiendo las pautas anglosajonas (disfraces, calabazas…), pero lo que pocos saben es que en nuestras raíces culturales existe una celebración de la noche de los difuntos, llamada magosto, mucho más ancestral, mágica y profunda que tiene a la castaña como protagonista. El magosto, continúa celebrándose hoy en día, desde la noche de Todos los santos hasta San Martín, el 11 de noviembre. Se celebra fundamentalmente en Galicia y la zona del Bierzo. En algunas zonas de Ávila, Cáceres, Salamanca y Zamora también celebran la fiesta de la castaña asada, pero la llaman el chalote (se dice que hay que dejar algunas castañas junto al fuego para los difuntos). También en Cataluña se celebra la víspera de Todos los Santos la castanyada y en Andalucía, en los pueblos blancos de la Serranía de Ronda, se asan castañas con los amigos (en algunos lugares se llama la Tostoná).

Un talismán-regalo

Ya puedes comprar castañas en cualquier mercado, frutería o supermercado, así que, compra unas cuantas y organiza una comida o una cena en casa. Coge tantas castañas como comensales vayáis a ser y dibuja en ellas con un rotulador resistente al agua, el nombre de cada uno. Ponlas toda la noche en un cuenco con vino, unas hojas de laurel (que atraen el éxito), un palo de canela (para que no falte el amor), y sal gorda (que purifica las malas energías).
Antes de que lleguen tus invitados las sacas y las secas bien. Cuando estéis todos juntos las asáis al fuego, junto con otras que os iréis comiendo. Vas cogiendo la castaña asada de cada uno y envolviéndola en una tela o papel blanco cerrada con un lazo rojo. Regala a cada uno la castaña 'conjurada' con su nombre y diles que la lleven encima como amuleto e, incluso, que duerman con ella como amuleto si las cosas le van mal.
tracking