Revista Mía

Por qué deberías rallar tú el queso en lugar de comprarlo rallado

Calidad nutricional y sabor son los dos argumentos principales para ello. Te explicamos por qué.

El queso rallado es un recurso muy cómodo porque nos permite, por un lado, ahorrar tiempo, y por otro lado, completar platos tan distintos como una pizza, una musaka, un plato de pasta o unas verduras gratinadas, por ejemplo. Sin embargo, hay dos razones por las que te recomendamos rallarlo en el momento en vez de comprarlo ya rallado: calidad nutricional y sabor.
Hay quesos rallados que son exactamente lo mismo que una cuña a la que rallas una parte para tu receta. Lo que ocurre es que, aunque sea 100% pecorino o parmesano, las partículas del producto están más expuestas que si estuvieran en bloque. Ocurre algo parecido las cuñas abiertas, que se van estropeando poco a poco incluso si son quesos muy curados. La textura cambia y también se pierde el sabor original. No son los mismos que adquirió el queso durante el proceso de maduración previo a la venta.
Basta con que pienses en lo que ocurre con una cuña de parmesano recién abierta y rallada que cuando pasan días. Se endurece siempre y también pierde esa intensidad de origen. Pues con el queso ya rallado pasa parecido. Menos cuando está recién abierto el paquete y mucho cuando ya lo está y han pasado algunas horas. De hecho, es recomendable acabarlo cuanto antes porque el queso rallado se estropea rápido, sobre todo las variedades menos curadas.

Cuidado con el etiquetado

Por otro lado, hay una cuestión nutricional que afecta al queso rallado que no todos los consumidores conocen: no todos los “quesos rallados” que se venden en el mercado lo son.
Ya hace varios años que la OCU viene advirtiendo de que no todos están elaborados a partir del queso. Los hay que sí lo son al 100%, pero hay productos elaborados a partir de una mezcla de queso natural con ingredientes como la mantequilla, almidones, proteínas de la leche e incluso conservantes. Sin productos que buscan ser más fundentes pero que, a cambio, pierden calidad nutricional. Son, de hecho, productos más baratos.
La clave para diferenciarlos a simple vista es si pone o no la palabra “queso” en su etiquetado, ya que aquellos quesos rallados que no lo son al 100% no pueden utilizar esta denominación para ser comercializados. Lo que destacan en su envasado es algo parecido a lo siguiente: “especial gratinado”, “rallado” o “rallado para fundir”, por ejemplo.
Suelen ser productos que gustan mucho al consumidor final por lo fundentes que son y el sabor que se consigue, muy reconocible para todos los paladares, que llevan años consumiéndolos, pero no son productos saludables. Ni siquiera son queso rallado como tal. Algunos tienen muchos más aditivos e ingredientes malsanos que queso. 
Por todas estas razones, tanto la OCU como los especialistas en nutrición y cocina, recomiendan rallar el queso al momento y no comprarlo ya rallado. Es más, si te fijas en los precios del kilo, verás que cuando se trata de un queso 100%, como ocurre con el parmesano rallado, se suele encarecer si lo adquieres ya rallado, de modo que el ahorro económico es un tercer argumento a favor de rallar el queso al momento en casa y evitar los envasados ya rallados.
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