10 hábitos que dañan la vista

Repasamos las claves que debemos tener en cuenta para proteger nuestros ojos.

Muchas de nosotras nos preguntamos por qué al final del día nos duelen los ojos si no creemos haber forzado la vista. Sin embargo, hay una serie de hábitos diarios que llevamos a cabo y que sin darnos cuenta están dañando nuestra vista.

En primer lugar, no debemos frotarnos los ojos. Aunque este gesto nos relaja y alivia la tensión que tenemos cuando estamos estresados o cansados, puede producir una infección si tenemos las manos sucias o podemos dañar la córnea al presionarnos excesivamente la zona del ojo.

Otra de las claves a tener en cuenta es que no es bueno leer cuando vamos en transporte, por la sensación de movimiento. En muchas ocasiones, llevamos libros para pasar el tiempo que estamos en el autobús o en el coche, pero esto puede hacer que nuestra vista se canse más rápido y que podamos llegar a marearnos.

Esto va relacionado directamente con la iluminación. Hay que asegurarse que nos ponemos a leer en un lugar con bastante luz. De lo contrario, forzaremos demasiado la vista y se nos cansará más rápido.

Otro de los malos hábitos a los que nos exponemos está también vinculado a la iluminación. Aunque estén muy de moda, las luces LED pueden hacer que a largo plazo nuestra retina se vea realmente dañada. Lo mismo pasa con una exposición prolongada a los rayos del sol y a las pantallas de ordenador. Por ello, aunque trabajemos en una oficina, se recomienda descansar los ojos de vez en cuando.

También influyen a la vista nuestros hábitos alimenticios. Y es que comer alimentos que aumenten nuestro colesterol o que tengan un alto contenido en azúcares pueden perjudicarnos de tal manera que podemos terminar padeciendo ceguera. Lo mismo ocurre si consumimos demasiado ácido acetilsalicílico, contenido en las aspirinas y otros fármacos, pues favorece la degeneración muscular.

El último mal hábito, que es difícil de quitar, es el tabaco. El humo que libera hace que la retina se degenere y sufra muchos daños. Esto es más clavo en los fumadores pasivos, que reciben el humo que expulsan los activos.

Ahora que sabemos cuáles son nuestros malos hábitos, no tenemos excusa para evitarlos y proteger nuestros ojos de los daños a los que los exponemos diariamente.

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