¿Atracón de dulce o de salado?

Analizamos los pros y contras de estos grupos de alimentos.

Todos hemos experimentado en algún momento el impulso de ir a la nevera o a la despensa y arrasar con determinado tipo de alimentos. A veces sentimos un deseo irrefrenable de comer chocolate o acabar con un paquete grande de patatas fritas de una sentada. Tras estos atracones solemos sentirnos un poco culpables y nos surge la duda, ¿qué es mejor, un atracón de dulce o de salado?
La respuesta es obvia: ninguno. Partiendo de esa base, tenemos que diferenciar entre qué tipos de dulce y de salado estamos consumiendo, porque sí que unos son peores que otros. Por ejemplo, el exceso de sal es perjudicial para la salud y puede provocar diversas enfermedades. Sin embargo, los productos ‘salados’ también suelen ser grasos, y consumidos en su justa medida nos aportan energía y ayudan a la absorción de varios grupos de vitaminas. Así, las grasas saturadas presentes en lácteos enteros, carnes y pescados son necesarias en cantidades adecuadas.

Si hablamos de dulces, en muchos casos los relacionamos con los hidratos. Éstos también son necesarios para proporcionarnos la energía necesaria en el día a día, pero cuando proceden de cereales integrales o frutas, ya que liberan el azúcar de forma controlada. En el lado opuesto están los dulces elaborados con harinas y azúcares refinados y grasas trans, como la bollería industrial, que generan picos de insulina y solo nos sacian momentáneamente, por lo que tendemos a comer más.
También hay que tener en cuenta que cuando nos apetece un alimento en concreto puede significar que nuestro organismo esté intentando compensar alguna carencia. Por ejemplo, si tenemos muchas ganas de comer chocolate, puede que nos falte magnesio, o si nos apetece comer carne roja puede deberse a una falta de hierro.
Por ello, es importante escuchar a nuestro cuerpo y elegir entre la opción más natural para saciarnos sin tener que llegar a darnos un atracón.

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