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Cómo sacar provecho a tu cacerola de hierro fundido

Tanto para obtener el mejor resultado posible en tus recetas como para conservarla en perfectas condiciones durante mucho tiempo.

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Las cacerolas de hierro fundido se llevan utilizando toda la vida, no son un utensilio de cocino novedoso. Sin embargo, es ahora cuando viven un repunte de popularidad de la mano del renacer de la cocina tradicional y del interés por esta disciplina en el ámbito del hogar.

Se había perdido, al menos un poquito, el gusto por cocinar, pero no solo se ha retomado, sino que no importa dedicarle tiempo. Es, en muchos hogares, un hobbie más que una obligación. Eso requiere, en cualquier caso, buen material de trabajo para poder mejorar en el resultado de las recetas, y es ahí donde la cocotte (significa cazuela u olla en francés) o cacerola de hierro fundido (o dutch oven, su otro nombre popular) sobresale por sus muchas virtudes. 

 

Reparto uniforme del calor

Este tipo de ollas están fabricadas en hierro fundido de una sola pieza pero algunas con revestimiento esmaltado o vitrificado, de ahí sus bonitos diseños y colores. Tienen una gran virtud: conservan el calor mejor que el resto de ollas y lo reparten de forma uniforme. Además, sus tapas ajustan de maravilla, así que se limita la pérdida de calor y se aumenta, por ende, la eficiencia.

Aunque siempre es recomendable consultar las condiciones de cada producto, otro de los beneficios de la cacerola de hierro fundido es que se pueden usar en todo tipo de cocinas y también en el horno. Puedes pasar del fuego al horno sin cambiar de recipiente. 

Esto implica mayor comodidad y menos “cacharreo”, con un resultado de más calidad además porque, entre otras cosas, no se somete a la comida a cambios de temperatura bruscos. Eso sí, comprueba que el modelo que adquieres sea compatible con el horno y ten en cuenta la temperatura máxima que aguantan.

Desde Castey, firma especializada en la fabricación de utensilios para cocinar, recomiendan en primer lugar utilizar las cocottes para cocinados de larga duración. No implica el slow cooking que tengas que estar toda la mañana pendiente del fuego porque la comida “se irá cocinando sola mientras estás trabajando, descansando o dedicándote a otras tareas domésticas”, explican.

Por otro lado, debes tener paciencia si al comienzo no consigues grandes resultados porque lleva su práctica y porque con el uso, mejores sabores se consiguen. Esto es así porque “el aceite que se usa al cocinar penetra en los poros del esmalte y va creando una capa natural antiadherente de color marrón oscuro”, exponen desde Castey. “Esto mejora la eficiencia de la cocción, evita que los alimentos se peguen y disminuye la cantidad de aceite requerida en cada preparación”, añaden. 

También es necesario consultar si la cacerola que has adquirido necesita tratamiento previo antes del primer uso o no. A veces, el fabricante aconseja lavarla, curarla con calor a alta temperatura en el horno y luego ponerle un poco de aceite. Confirma o descarta que así sea viendo sus instrucciones de uso.

Además de estas consideraciones previas, es importante tener en cuenta los siguientes tips cuando cocines con la cacerola de hierro fundido. Verás que la mayoría son hábitos que enseguida asimilarás, pero al principio sí hay que insistir en ellos para mecanizarlos.

  • No abras la tapa a menudo: es un detalle de cocinero casero que gusta hacer pero con estas cacerolas es un error porque “disponen de un sistema de humidificación que devuelve el líquido de la condensación a los alimentos de manera continuada”, indican desde Castey. Esto implica que los ingredientes se mantienen hidratados y se cocinan en un circuito cerrado que será menos eficiente si se rompe al abrirlo.
  • Evita los cambios bruscos de temperatura: son muy sensibles a ellos así que es mejor empezar con un fuego bajo, que vaya adquiriendo temperatura y poco a poco subirla, pero nunca demasiado porque su mejor rendimiento llega con temperaturas de cocción moderadas. Mejor tiempo que temperatura. Al terminar, más de lo mismo: siempre debes dejar que pierda calor de forma natural. Y lo mismo si vas a guardarla en la nevera: espera que se temple antes.
  • Protege tus manos: las asas de estas cacerolas transmiten calor al estar hechas de una sola pieza por lo que puedes quemarte cuando la manipules. Lo más probable, además, si la sueltas rápido y de forma brusca, es que dañes el esmalte. Por ello, utiliza siempre manoplas o guantes para manipularla.
  • Nada de utensilios metálicos: no rallarla debe de ser tu principal preocupación a la hora de conservar tu olla en las mejores condiciones. Para ello, es imprescindible no utilizar menaje metálico: la silicona o la madera son las mejores opciones.
  • Cuidado con la limpieza: deja enfriar siempre la cacerola de hierro fundido después de usarla y no rasques los restos que queden pegados. Ni estropajo ni nada similar debes utilizar con estas herramientas de cocina tan sensibles: su rendimiento es tan alto que deteriorarla al limpiarla hará que pierda mucha eficacia y dure menos tiempo. La solución es añadir “un poco de detergente y déjala por unas horas o de un día a otro hasta que se despeguen los restos”, apuntan desde Castey. Además, tampoco es recomendable meterlas en el lavavajillas por mucho que puedan ser compatibles. “Con el tiempo, su agresividad va a dañarla”, afirman desde la firma especializada en productos de cocina. Para una limpieza a fondo, recomiendan hacer lo siguiente: “Cubre el fondo de la cacerola con sal gorda y un poco de agua, caliéntala durante unos minutos en el fuego hasta que hierva y la suciedad se desincruste. Seguidamente retira el agua, limpia los restos con una esponja y finalmente sécala con papel”, concluyen.
  • No las arrastres: existe la tentación, al ser cacerolas pesadas, de trasladarla mediante el arrastre por la encimera, sin levantarlas. Lo que puede ocurrir con esto es que ralles su esmalte y también las superficies de la cocina por las que pase. Y no te olvides de proteger las superficies donde vayas a apoyar tu cacerola de hierro fundido. 
Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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