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Diferencias entre clementinas y mandarinas

Te explicamos cómo distinguir ambas variedades de fruta para que ya nunca más vuelvas a dudar al respecto.

Pexels
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¿Son lo mismo las mandarinas y las clementinas? No, no lo son. Si tienen nombres diferentes, por algo será, ¿no? Las dos son cítricos muy similares en lo que respecta a su aspecto exterior, pero hay matices que las diferencian. Y no son pocos. Te los contamos a continuación para que este otoño invierno puedas sentar cátedra cuando el debate aparezca en alguna reunión familiar.

Hay seis aspectos en los que se diferencian las clementinas de las mandarinas además del nombre, dato que no es concluyente porque hay países en los que ambas variedades reciben el mismo apelativo: mandarine. Son el sabor, la temporada óptima, las pepitas, el tamaño, la piel y también el origen.

En lo que respecta a esta última cuestión, la versión más extendida sobre el origen de la clementina es que se cultivó por primera vez en el siglo XIX en Argelia. “Se cruzó el polen de un mandarino con el polen de un naranjo”, explican desde Naranjas Torres sobre el origen de esta fruta. El resultado, describen desde Campos de Azahar, distribuidora de cítricos nacionales, es “una fruta con apariencia de mandarina y con sabor dulzón de naranja”. En cambio, añaden desde Naranjas Torres, “las mandarinas empezaron a cultivarse alrededor del 2.000 a.C. en Oriente Medio”. 

De la explicación sobre el origen de la clementina se desprende una segunda diferencia entre ambas, el sabor, ya que las mandarinas son más ácidas en términos generales. También es diferente el tamaño, siendo “ligeramente más pequeñas” las clementinas según apuntan desde Campos de Azahar.

Diferente sabor, tamaño y temporada

Todos estas diferencias no son fáciles de percibir para todo el mundo porque no son muy significativas a excepción de la del sabor. Sí lo es, en cambio, la temporada óptima de ambas frutas, una de las mejores formas para distinguirlas. Aunque son fechas aproximadas, “La temporada de mandarina suele empezar antes que la de clementina”, indican desde las dos empresas especializadas en cítricos. Por lo tanto, el otoño es la temporada por excelencia de la mandarina, mientras que la clementina, cuya temporada dura menos tiempo, se puede degustar a comienzos del invierno.

Los dos últimos detalles por los que se puede diferenciar una mandarina de una clementina son la piel y las “pepitas”. La primera de ellas es más áspera en la mandarina; de hecho, suele pegarse más a la piel y cuesta pelarla. La de las clementinas es mucho más fácil de retirar porque está menos pegada. 

Además, la clementina no tienen semillas en el interior de su carne salvo contadas excepciones, por lo que si tiene “pepitas” la fruta que estás comiendo, es muy probable que sea una mandarina. No es una norma 100% fiable porque hay determinadas variedades de clementina que pueden tenerlas, pero sí es una manera fiable de distinguir ambas frutas.

Estamos seguros de que con estas indicaciones te habrás hecho un retrato mental de cada una de las dos aprovechando que has comido ambas frutas en numerosas ocasiones. La piel pegada, los pipos, el sabor ácido o dulce en función de cuál sea de las dos y el tamaño quizá por separado no sean características definitivas pero todos los factores unidos sí permiten diferencias con cierta facilidad una mandarina de una clementina.

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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