Revista Mía

Que no te la den con queso: el origen de esta expresión

Te contamos el curioso origen gastronómico de esta expresión popular que tiene al vino como protagonista.

¿Cuántas veces te dijeron tus padres aquello de “que no te la den con queso, hijo/a” cuando eras adolescente y empezabas a caminar solo? Esta expresión, que se sigue utilizando muchísimo para avisar o alertar sobre potenciales engaños o timos, tiene un origen gastronómico que es probable que te sorprenda. Pista: tiene que ver con el vino.
Toda la vida, quienes no sabemos mucho de enología, hemos pensado que vino y queso son una combinación infalible. Desde el punto de vista del disfrute, no hay duda: lo siguen siendo y lo serán hasta que cada uno de nosotros cambie de opinión, algo que no ocurrirá a menudo si te gustan el vino y el queso. Pero resulta que desde el punto de vista del vino, y de quien busca exprimir al máximo las virtudes de esta bebida, el queso no es un buen acompañante… a no ser que tu vino sea de calidad pobre. ¿Por qué? Muy sencillo: el queso disimula los defectos del vino.
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Vino y queso

La explicación técnica de esta mala asociación entre el vino y el queso es que las proteínas y grasas del queso hacen de escudo o puerta cerrada a las moléculas que son las responsables de que el vino ofrezca distintos aromas. Pero es que además ocurre algo parecido en sentido opuesto: resulta que los taninos del vino también minimizan el sabor del queso en vez de potenciarlo.
Y es de esta cuestión de la que viene la expresión “que no te la den con queso”. No queda claro, como ocurre con la mayoría de refranes y expresiones populares, el momento histórico exacto en la que se formuló y se popularizó. Parece que tiene relación con la popularidad de los primeros bodegueros, que ofrecían catas de vino a sus potenciales compradores. Cuando el enoturismo todavía no existía…

Vino y queso, ¿de verdad es la mejor combinación?

Si el vino no estaba tan bueno como debía o por el motivo que fuera no estaba en perfectas condiciones, el queso ayudaba a disimular dichas imperfecciones. “El sabor y el olor del queso (cuanto más fuerte, mejor) disimulaba la mala calidad del vino, y sus propiedades ayudaban al aumento de la producción de saliva, lo que generaba una sensación de mayor sedosidad”, explican al respecto desde la bodega Marqués de Murrieta.  Claro, los compradores menos experimentados caían en la “trampa” y se daban cuenta al probarlo después sin queso de que, literalmente, el bodeguero de turno “se la había dado con queso”.
Curiosidades aparte, lo cierto es que los tiempos han cambiado. El queso y el vino son productos difícilmente separables de la ecuación; gusta su maridaje a muchísima gente, tanto o más que un buen jamón ibérico. Y eso, unido a la evolución y precisión del negocio del vino en la actualidad en lugares como España, hace que se puedan encontrar vinos que maridan muy bien con el queso, encontrando ambos productos el equilibrio justo para potenciarse el uno al otro.
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Quso

Lo fundamental para acertar es saber con qué tipo de leche está elaborado el queso (vaca, oveja, cabra o mezcla) y su tiempo de curación, y a partir de ahí, ponerse en manos de alguien que sepa de vinos porque, como bien concluyen desde Marqués de Murrieta, la antigua trampa de los bodegueros ha permitido “El perfeccionamiento, a través de los años, de uno de los maridajes más exquisitos: el del vino con queso”.
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