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¿Te gustan los gatos? Descubre su pasado mágico

A pesar de su carácter arisco, los gatos se hacen querer y existe todo una especie de culto-devoción por ellos que comparten millones de personas en todo el mundo y a los largo de toda la historia.

A lo largo de la historia han convivido dos imágenes extremas del gato: la de símbolo de la divinidad y la de representación demoniaca. De ahí que no quede claro si es símbolo de fortuna o de mala suerte.

 

A lo largo de la historia...

 

Los primeros datos que se tienen de este felino se remontan al año 5.000 a. de C. en África y en Egipto dónde ya eran considerado un animal mágico y sagrado ya que estaban relacionados con el culto a la diosa Bastet. En esta cultura el gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses quienes a través del él podían comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad.

 

Además, se colocaban a los niños medallas con la cara de Bastet, la diosa gata, para que los protegiera de las enfermedades. Tal era el culto a estos felinos que  también eran momificados y todo aquel que se atrevía a matar un gato era acreedor de la pena de muerte. Sin embargo, al parecer los gatos no fueron “domesticados” hasta tiempo después cuando se descubrió su utilidad como guardianes de los templos.

 

En la Edad Media sin embargo, se relacionó a los gatos negros con la brujería, se decía que eran brujas transformadas, motivo por el cual en el siglo XII la Iglesia comenzó una persecución encarnizada de estos animales.

 

Los fanáticos sacrificaron a miles de felinos, éstos eran perseguidos, cazados, metidos en sacos y quemados en hogueras la noche de San Juan. Debido a esto, la población de gatos diezmó haciendo así que la población de ratas en los pueblos se incrementara. Motivo por el cual se propagaron rápida y frecuentemente las epidemias de peste.

 

Algunos siglos más tarde, a partir del XVII, los gatos volvieron a ocupar un lugar de honor en la vida del hombre, debido a su habilidad para cazar a esas ratas y ratones causantes de temibles y desoladoras plagas. Así durante el siglo siguiente recuperaron su prestigio.

 

Cómo son

 

Hoy en día su utilidad como cazador ha ido desapareciendo, pero es uno de los animales de familia o de compañía más solicitados (si no el más).

 

- Así son. Los gatos son muy independientes, curiosos, dormilones y de gran destreza física. Su flexibilidad corporal y resistencia lo convierten en un gimnasta natural capaz de realizar las más difíciles piruetas. Y ojo, que los gatitos necesitan su propio espacio y éste debe ser respetado para que exista una perfecta convivencia.


-Así se le ve. La convivencia a lo largo de la historia de la dualidad del gato (como símbolo de la divinidad y como representación demoníaca) ha dado lugar a que en las supersticiones se le considere representante de la mala o la buena suerte, según las circunstancias, el país de nacimiento o la época histórica.

Buena suerte...

- En la Inglaterra victoriana nació la idea (que pervive hoy) de que si unos novios recién casados se encuentran con un gato negro, esto auguraba prosperidad en el matrimonio, fertilidad y, por tanto, muchos hijos y prosperidad familiar.

- Desde hace mucho tiempo los marineros aunque no pueden pronunciar la palabra “gato”, por temor a que atraiga desgracias, consideran que la presencia de un gato a bordo trae buena suerte. Más aún sus mujeres solían y suelen tener uno en casa, ya que esto parece asegurar que sus maridos volverán sanos y salvos a sus casa.

- Hoy en día se cree que si el gato negro tiene un lunar blanco en alguna parte de su cuerpo, deja de ser un vaticinio nefasto encontrárselo en el camino.

- También se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego.

- Así como cruzarse con un gato negro no es buen augurio, al parecer tener uno en casa sí es símbolo de buena fortuna. Si te encuentras un gato, éste te sigue y te “adopta”, tendrás buena fortuna.

-Así como oírle ronronear no es buena señal sí trae buena suerte escuchar el estornudo de un gato.
- Otra superstición sostiene que encontrarse un gato (no importa el color) viniendo de cara por el camino, trae buena suerte, mientras que verlo de espaldas trae mala suerte. Asimismo, es de buen augurio que un gato nos adelante en el camino.

- Se cree que los gatos poseen poderes extrasensoriales por lo que son excelentes mediums y captan con facilidad la presencia de espíritus. De ahí que se les utilice como “avisadores” de presencias extrañas. También se cree que pueden predecir la muerte de una persona, así como las tormentas y los terremotos.
-Un gato blanco siempre trae buena suerte, excepto si lo vemos de noche..

 

... o mala suerte

- Desde hace siglos se mantiene la creencia de que un gato negro es siempre símbolo de mala suerte o de mal de ojo. Y es un vaticinio aún más nefasto si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda.

- Como ya hemos dicho para los marineros llevar un gato en el barco es símbolo de buena suerte pero la gente del mar suele estar muy atenta al comportamiento del gato a bordo. Si el gato corre, juega o salta pronostica tormentas, y si se arroja por la borda o se ahoga en el mar, sucederán calamidades al navío y su tripulación.

- Los gatos tienden a acercarse a la boca y husmear por eso antiguamente se decía que las madres debían tener a los gatos alejados de los bebés porque “sorbían el aliento” del niño y lo mataban.

- Si un gato sin motivo aparente abandona una casa y no vuelve, la miseria (en otros tiempos se decía la peste) reinará en ese hogar.

 

Sus siete vidas

Según cuenta la leyenda, en el Arca de Noé los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones. El Señor le dijo a Noé que acariciara tres veces la cabeza del león. Éste estornudó y surgieron de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron el equilibrio en la embarcación.


Por otro lado, el gato tiene una relación muy especial con el número siete en especial aquella que habla de sus siete vidas. Se díce que esta leyenda tiene su origen en Egipto y se creía que después de nueve vidas como animal, en la octava encarnación alcanzaría la meta sublime de ser un hombre.

 

Algo transformada esta creencia llegó a la Edad Media, cuando eran perseguidos y arrojados desde lugares altos. Como el gato lograba caer de patas y marcharse se decía que tenía siete vidas.

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