Cómo elegir la mejor sandía al comprarla

Si te fijas en estos detalles tienes muchas más opciones de acertar con al elegirla.

La sandía es la fruta más esperada del verano junto al melón. Hay muchas más, todas esas maravillosas, como los melocotones, o las nectarinas, pero estas dos son las reinas indiscutibles del estío. La llamamos fruta, por cierto, aunque existe debate sobre ello por proviene de la misma familia que el pepino y la calabaza, pero popularmente es conocida como tal.

Rica en agua, como todo el mundo sabe —alrededor de un 90% de su composición—, son ricas en vitamina A, C y B6, y también proporcionan hidratos de carbono, minerales como el potasio y el sodio y fibra, como todas las frutas. Además, aporta licopeno, el mismo carotenoide que tiñe la piel y carne del tomate, otro nutriente saludable. 

En definitiva, es un alimento maravilloso que nos alegra los meses de verano un poquito más si cabe. Lo difícil es elegirla, ya que es una sorpresa lo que guarda en su interior. No existe fórmula mágica para acertar al elegir sandía, pero sí algunos consejos eficaces que debes tener en cuenta al escoger esta fruta. Son los siguientes: 

Forma uniforme

Se suele recomendar la sandía con forma redonda, pero lo verdaderamente importante es que sea uniforme. Es decir, “que tenga su cáscara en perfecto estado, que sea un poco opaca, sin golpes, sin manchas y sin magulladuras”, señalan desde supermercados Más y Más. Las grietas y deformaciones, explican desde Súper Gutiérrez, “significa que (la sandía) recibió cantidades irregulares de luz solar o agua durante su crecimiento”, y esto se suele traducir en su sabor y textura no serán los ideales. “Estará seca e inconsistente”, añaden desde Súper Gutiérrez

El peso

La clave para que una sandía —y un melón, el pimiento rojo y tantas otras frutas y verduras— es que pese más de lo que antes de cogerlo parece pesar. Es decir, no tiene por qué ser la mejor sandía la que más pese, si no la que más agua tenga en relación a su volumen. A veces, que pese muchísimo significa que está “pasada”. En todo caso,  tal y como detallan desde Más y Más, “la sandía debe pensar de forma proporcional a su tamaño; incluso debe pesar más de lo que aparenta a simple vista, así que cuando vayas a escoger una, si no pesa, escoge otra”.

El color

La sandía no tiene que brillar. No te dejes engañar por la apariencia llamativa. Ha de ser oscura. “Cuanto más oscura, menor grado de brillo y menos manchas diferentes de verde presente la corteza, más madura estará y, por tanto, mejor sabor tendrá”, afirman desde Más y Más. En ello incide también la divulgadora de consejos alimentarios @dulcementenadia, que destaca la “piel mate, no brillo” como una de las claves infalibles para escoger sandía. 

Los famosos golpecitos

Los veteranos de la frutería los dan siempre en las sandías. Mil veces te habrás preguntado si tiene algo de ciencia ese hábito o si es solo un mito popular. Pues bien, parece que ayuda a acertar con la sandía. “Si el sonido es hueco y rotundo, la fruta estará en su punto exacto de madurez, pero si el sonido es suave y con resonancia, no lo estará”, exponen desde supermercados Más y Más al respecto.

Mancha amarilla

Hay quien descarta una sandía porque tiene una mancha amarilla en uno de sus “culos”. Error. La sandía debe tener en una de sus bases esta “mancha de suelo” de color amarillo, nunca blanquecina. “Esa es la zona de la sandía que se apoyó sobre la tierra y se maduró al sol, así que cuanto más oscura sea mejor”, apuntan desde Súper Gutiérrez. “Si la mancha de suelo es blanca o casi imperceptible, probablemente signifique que cosecharon la sandía demasiado pronto y no se madurará”, añaden.

Tallo marrón

En este consejo inciden menos expertos, pero la divulgadora de trucos de cocina y alimentación @dulcementenadia asegura que siempre se fija en que la sandía tenga en una de sus bases rastro del tallo marrón. 

Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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