¿Demasiados estrógenos?

¿Demasiados Estrógenos?

A diario estamos expuestos a los estrógenos, porque nuestro organismo los genera. Pero también están en el medio ambiente, y en dosis elevadas se convierten en un problema. Hoy en día, por diversas razones, muchas personas sufren un exceso de estrógenos (hiperestrogenia o hiperestrogenismo). Aquí te acercamos al tema en ocho preguntas.


1. ¿Qué son los estrógenos?

Se trata de un grupo de hormonas femeninas responsables de las características sexuales de nuestro género, de la formación del pecho y de la aparición del ciclo menstrual. En la pubertad aumenta su número, que se mantiene estable durante 25 años (etapa fértil). A partir de ahí, el nivel desciende hasta su completa desaparición con la menopausia. Nuestro organismo lucha contra este descenso produciendo en la hipófisis dos hormonas (la FSH, que estimula el óvulo, y la LH o luteinizante), y el aumento de éstas es lo que provoca los sofocos y sudores nocturnos en la menopausia.


2. ¿Qué es la hiperestrogenia? 

“Es un trastorno hormonal producido por un exceso de estrógenos en el organismo que se asimilan por vía digestiva, respiratoria, cutánea... Pasan a la sangre como tóxicos que elimina el hígado”, dice Daniel Sanz Bermejo, fisioterapeuta y osteópata, experto en nutrición, director del centro Fised, en Madrid (telf.: 915 47 46 36; fised.net) y profesor de la Universidad Europea de Madrid.


3. ¿Cuáles son sus causas?

En las sociedades avanzadas, estamos expuestos a diario a productos químicos estrogénicos (se conocen como xenoestrógenos) que imitan la actividad de los estrógenos en el organismo. Están presentes -por ejemplo- en los champús, desodorantes, cosméticos (parabenes); en los juguetes infantiles y eróticos (ftalatos); en los pesticidas, herbicidas, en los plásticos (en general, los derivados del petróleo)... Se trata de ‘disruptores o interruptores endocrinos’, es decir, sustancias químicas capaces de alterar los mensajes que las hormonas transmiten a las células.

Sin embargo, no son la única causa del exceso de estrógenos. Las carnes de los animales hormonados para acelerar su crecimiento (cerdo, pollo, ternera), los alimentos envueltos en plásticos (huevos, la carne o el pescado en bandejas) o los lácteos (sobre todo, la leche) tienen niveles estrogénicos altos.


4. ¿La obesidad también influye?

Sí, también influye ya que en exceso, los estrógenos promueven el crecimiento de los tejidos sensibles a ellos como el adiposo; es decir, la grasa, que se concentra sobre todo en la cintura, el vientre, los muslos y las caderas -a veces, incluso, en la parte posterior de los brazos-). Asimismo, la producen el tratamiento con píldoras anticonceptivas, una dieta deficiente o consumir mucha soja (rica en fitoestrógenos o estrogénos vegetales naturales). Respecto a la grasa, es un círculo vicioso: los estrógenos promueven su aumento y ésta, el de ellos. Y se trata de ‘grasa rebelde’: ni las dietas ni el ejercicio suelen poder con ella.


5. ¿Quiénes pueden padecerla?

Tanto hombres como mujeres, aunque la sufrimos sobre todo nosotras por constituir los estrógenos nuestras hormonas sexuales.

Uno de los signos de alarma de este exceso ha sido el adelanto de la primera regla (menarquía) en las niñas: hoy, en toda Europa, se produce unos 5 años antes que hace 50, con lo que, en lugar de a los 14-15, muchas pequeñas la tienen a los 11 años e incluso a los 10. Lo llamativo de esta pubertad precoz es que se está dando en niñas sobrealimentadas o que han pasado en poco tiempo de la malnutrición a una dieta más rica y variada (el caso de las menores adoptadas).


6. ¿Con qué problemas de salud se relaciona?

El mismo experto lo aclara: “Con la aparición de enfermedades degenerativas a una edad más temprana, con diferentes tipos de cáncer (sobre todo, de mama, útero, ovarios y testículos) y con un desarrollo anormal del pene (disminución de tamaño), de los testículos y del pecho”.

Y es que el exceso de estrógenos puede estimular el desarrollo de los tejidos vulnerables: revestimiento del endometrio (endometritis), fibromas de ovario y aumento de la próstata..., problemas todos que pueden desencadenar cáncer. ¿Otras consecuencias? Cambios de humor, grasa difícil de ‘quemar’, fatiga, alergias, sinusitis recurrentes...


7. ¿El tratamiento más efectivo?

“Hay que enfocar el problema desde un punto de vista holístico y multifactorial”, explica Sanz. “Si se tiene este trastorno, además de evitar la exposición a los estrógenos externos y corregir la obesidad (si es el caso), hay que cuidar la alimentación: retirar dulces, harinas y lácteos, reducir vino tinto, cerdo, pollo, huevos, alcohol, café y soja y sus derivados (ricos en estrógenos) y aumentar el consumo de crucíferas (coliflor, brécol), semillas de lino, grasa de pescado (Omega-3), cebolla, ajo, cítricos y, en general, alimentos de bajo índice glucémico, pues ayudan a que el hígado elimine el exceso de hormonas circulante”.
Además, es necesario estimular los órganos implicados en la producción de hormonas. “Donde se secretan más estrógenos es en los ovarios, que necesitan una correcta tensión y movilidad. La osteopatía les devuelve el movimiento correcto. El hipotálamo y la hipófisis, por otra parte, emiten la señal de la cantidad de hormonas que debe producirse. La osteopatía craneal es capaz de corregir sus funciones, de normalizarlas”.


8. ¿Ayuda la acupuntura? 

“Cualquier bloqueo energético dificulta que el mensaje llegue a su destino de forma óptima”, explica Eduardo Lechuga de Boer, fisioterapeuta, osteópata y kinesiólogo, experto en medicina china y nutrición de Fised. La acupuntura actúa movilizando y desbloqueando la energía tanto a escala física como emocional. Por eso, puede regular la secreción de hormonas y de neuro-transmisores, puesto que el estado emocional del individuo incide sobre ella.


Está en el ambiente


Los xenoestrógenos son sustancias químicas derivadas de la industria. Por ejemplo: el bisfenol A, el más común y absorbible por la piel, se halla en las botellas de plástico, los tuppers, los chupetes, los recibos de muchos súper, las resinas epoxi con las que se pintan las latas de comida y bebida, los bibero-nes...; los parabenes, en productos de baño (champú, desodorante, geles...); los ftalatos o BPA, en los juguetes.

Por: Carmen Sabalete.

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