Pastillas de caldo concentrado, ¿son saludables?

Te contamos por qué deberías intentar limitar su consumo en favor de caldos caseros y bajos en sal.

Algún famoso cocinero de televisión las popularizó a finales del siglo pasado, pero lo cierto es que las pastillas de caldo industriales deberían ser un ingrediente de uso limitado en todas las cocinas. Como emergencia, son una solución interesante; como ingrediente de uso diario, no son recomendables. Te contamos por qué. 

Hay que reconocer en primer lugar que las pastillas de caldo revolucionaron la cocina casera en el siglo pasado por su innovador concepto: el caldo que da el sabor al guiso, en una pastilla que condimenta en tiempo exprés. No es de extrañar el éxito del producto, que por cierto llegó a España en tiempos de la Guerra Civil de la mano de Gallina de Oro, nombre de la que hoy en día sigue siendo una famosa compañía del sector alimentación en nuestro país, aunque sea con un nombre modificado.

Pero como todo atajo, que al fin y al cabo es lo que son las pastillas de caldo concentrado, que ahorran mucho tiempo en la cocina, tiene sus inconvenientes. En este caso, en forma de alto contenido en sal, potenciadores de sabor y grasas. 

Alto contenido en sal

El principal motivo por el que debemos limitar su consumo es la sal. No hay pastilla de caldo concentrada de origen industrial, que conozcamos, que no tenga como primer ingrediente la sal. Esto da una idea de que no estamos hablando de un producto saludable, ya que en las listas de ingredientes la normativa exige que se coloquen de mayor a menor en función de la cantidad que contenga el producto. 

La OMS recomienda un consumo máximo de sal de 5 gramos por persona y día (equivalente a 2 gramos de sodio al día) , y salvo excepciones, una sola pastilla de caldo concentrado supera dicha cantidad. Es verdad que suelen utilizarse para un guiso del que luego se alimentan varias personas, pero la comparativa ayuda a visualizar el exceso de sal que contienen las pastillas. 

A este inconveniente irrebatible hay que sumar el resto de ingredientes que no son naturales. Por ejemplo, el potenciador de sabor que se utiliza en este tipo de productos industriales. Casi siempre es el glutamato monosódico, muy habitual en carnes y alimentos procesados para condimentar y potenciar el sabor de la comida. Es, para que lo sitúes en el mapa, el famoso ingrediente que se utiliza en los restaurantes asiáticos, antes chinos, de dudosa calidad. En principio, es un ingrediente seguro, pero su aporte nutricional es nulo y en las pastillas de caldo suele aparecer justo detrás de la sal.

Por lo tanto, hay mucho más de sal y del potenciador de sabor que de verduras y carne, ya sea carne, pescado o pollo en función del tipo de pastilla. De esto último suele contener alrededor de un 3-5%. A veces lleva también especies para potenciar más el sabor y, por último, no hay que olvidar la grasa. 

La grasa

En este caso, sí que debemos prestar especial atención a la lista de ingredientes, ya que puede ser grasa de palma, por ejemplo, pero también hay algunas marcas que incluyen como grasa el aceite de oliva, virgen o no en función de la pastilla. Siempre será más recomendable en la comparativa entre pastillas aquella que incluya el aceite de oliva como grasa

De todos modos, por todo lo descrito, las pastillas de caldo concentrado pueden ser un recurso puntual válido pero debemos evitar su uso diario. Lo ideal es cocinar nuestros propios caldos caseros bajos en sal o, en su defecto, adquirirlos industriales lo más naturales posibles y con el menor contenido en sal posible.

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