¿Por qué me duelen las cervicales?

Te desvelamos las causas más comunes de esta dolencia que afecta a personas de todas las edades y se asocia al estrés y a la tensión.

Muchas sufrimos esta molestia en el cuello y en la espalda que afecta a nuestro ritmo de vida sumando más cansancio al final del día. El estrés, la ansiedad y la tensión multiplican el riesgo de padecer estos dolores. Te contamos sus causas para que reduzcas la probabilidad de desarrollar esta dolencia.

 

¿Qué es?

 

El dolor cervical suele manifestarse como una molestia en la nuca que se traslada hacia la parte posterior de la cabeza, a los hombros y que desaparece al cambiar de postura o al acostarse. Si no cesa con el reposo, una buena higiene postural o con tratamiento localizado, con el tiempo los movimientos de cuello se limitan y el dolor se irradia hacia los brazos y manos, produciendo también hormigueos o pérdida de fuerza, mareos, sensación de inestabilidad... De ahí la importancia de atajarlo pronto.

 

¿A qué se debe?

 

Aparece por un mecanismo neurológico que implica la activación de los nervios que transmiten el dolor y el desencadenamiento de la contractura muscular y la inflamación. Detrás de esto puede haber una alteración de la estructura de la columna vertebral o degeneración de las conexiones entre las vértebras de la columna; pero en la mayoría de los casos no se llega a averiguar la causa inicial y se atribuye a una contractura o sobrecarga muscular.

 

Otras causas

 

Es nuestra vida diaria (malas posturas, tensiones, estrés...) la que la mayoría de las veces está detrás del dolor de cervicales. Te explicamos algunas de las más comunes.

 

Traumatismos

En estos casos se puede producir un latigazo cervical, una lesión cervical debido a una flexión-extensión brusca y excesiva del cuello. Normalmente, se produce por un accidente de coche (por un frenazo o impacto posterior en el coche).

 

Estrés y ansiedad

Influyen más en la percepción del dolor que en el riesgo de que aparezca. Aun así, el estrés puede provocar un aumento del tono muscular y así la aparición de contracturas.

 

Mala postura al dormir

Descansar boca abajo, por ejemplo, puede propiciar el dolor, ya que se obliga al cuello a una torsión antinatural. Lo más recomendable es utilizar un colchón de firmeza intermedia, una almohada que permita que el cuello esté alineado con el resto del cuerpo, y dormir boca arriba o de lado.

 

La posición frente al ordenador

Además del exceso de tiempo, lo provoca no tenerlo bien alineado con los ojos: extender o encoger el cuello para mirar la pantalla.

 

Un mal gesto

Al torcer y girar el cuello con brusquedad y con sacudidas cuando se hace ejercicio, se baila o en cualquier otro momento cotidiano, puede producirse una tensión o distensión muscular.

 

Si quieres descubrir cómo tratar el dolor cervical sin fármacos, visita nuestra galería "6 terapias para cuidar tus cervicales" y deja de sufrir molestias.

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