Trucos para quitar las manchas de moho

Si tienes humedad en casa, es fácil que aparezcan manchas de moho. Te damos unos trucos para acabar con ellas.

De las alfombras y moquetas

No son unas manchas fáciles de quitar, sobre todo si llevan mucho tiempo, pero se puede intentar haciendo una pasta con una cucharada de almidón en polvo, otra de jabón en polvo, y otra de sal, mezcladas con el zumo de un limón. Se cubre con esta mezcla la mancha de moho (si se trata de una alfombra conviene hacerlo por ambos lados), se frota, se deja secar una o dos horas mínimo, y se enjuaga bien con un trapo suave empapado en agua tibia. Por último, se deja secar la moqueta o alfombra al aire sin utilizar secadores ni estufas con calor.

De las prendas blancas de algodón

La mejor forma de eliminar el moho es algo laboriosa, pero muy efectiva. Consiste en poner a hervir leche y agua a partes iguales, en una cacerola, e introducir la prenda para que se cueza unos minutos. Se saca, se escurre muy bien y se deja en remojo en agua templada con un chorro de lejía (o amoníaco si no tenemos a mano lejía). Pasadas dos o tres horas se escurre bien y se aclara con agua templada.

De las prendas de color de algodón

Lo mejor es dejar la prenda en remojo en agua con amoníaco, al menos, tres horas. Cuando hayan desaparecido las manchas de moho, se frotan los posibles restos que queden en la tela y se aclara bien con agua fría.

De los baldosines y azulejos

Se frota con un estropajo verde y lejía sin diluir, rascando bien entre las juntas de los azulejos. Si el moho ha penetrado mucho entre ellas, y no se quita con lejía, habrá que frotar con un estropajo de acero o con un cuchillo, para vaciar las juntas y dejarlas bien limpias. Luego, se rellenan con un poco de cemento blanco.

Del cuero

Las huellas de moho sobre el cuero desaparecen frotando con un algodón mojado en aguarrás o en un líquido antiséptico para aclarar la boca (colutorio). A continuación, se espolvorea con polvos de talco y se deja actuar unos minutos para que seque por completo la zona. Después, se retira frotando con un trapo seco y se le da una capa de cera incolora.

De las prendas de lana y seda

Se frota con un algodón empapado en agua oxigenada y, después, se lava con agua y jabón líquido.
Si la prenda es de color se aclara mejor con agua amoníacada para reavivar más los colores.

De la madera

Lo primero es retirar el polvillo del moho pasando un trapo o un estropajo bien seco. Luego se pasa un trapo embebido en nafta o bencina (de la que se utiliza para los mecheros, por ejemplo). Se deja secar bien y se frota con un trapo de lana y una nuez de cera para sacarle brillo.

Del papel

Las manchas de moho en el papel de la pared se eliminan frotando con un trapo o un cepillo y ácido salicílico. Se deja secar bien y se limpia con un trapo seco.
Si la mancha no es muy grande puede frotarse primero con una bola hecha con miga de pan blanda y, después, con un trapo con ácido oxálico u oxalato de potasio.

De la piel curtida

Se frota la zona con esencia de trementina y, después, se le aplica un poco de crema hidratante o cera incolora.
Cuando se trata de zapatos o de prendas de piel no muy grandes, se les puede extender con la mano una capa de glicerina. Se deja que actúe uno o dos días, para que sea absorbida por la piel y se eliminan los restos con un trapo de algodón.

Plata y acero

Para eliminar el moho de la plata o del acero guardado en un sitio húmedo, se utiliza un truco de lo más sencillo. Consiste en frotar toda la superficie con un trapo empapado en vino tinto, de este modo no solo se acaba con el moho sino que, a la vez, se elimina el olor a cerrado. Al final, si se quiere, se pueden sumergir las piezas en agua templada con jabón de lavar la vajilla y aclarar muy bien.

De la silicona y el plástico

El moho se elimina de las juntas de los sanitarios o de los muebles frotando con un algodón empapado en agua oxigenada. Si hacemos esto periódicamente, y dejamos que el agua oxigenada se seque al aire, evitaremos que el moho vuelva a salir.

De las cortinas de baño

Conviene frotarlas con un cepillo y lejía rebajada con agua a partes iguales.

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