Si te gusta alguna de estas bebidas que tomaban tus padres es que ya te has hecho mayor

Que nos gusten aquellas bebidas que nos recuerdan a la infancia al conectar con nuestros padres es uno de los detalles que nos hace ser conscientes, casi de repente, del paso del tiempo.

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Somos conscientes del paso del tiempo por detalles en los que caemos y sobre los que reflexionamos a medida que cumplimos años. Cuando los amigos empiezan a tener hijos, cuando nos vemos las primeras canas, cuando leemos alguna efeméride que vivimos en directo… o cuando de repente te ves pidiendo una bebida que era la que tus padres bebían cuando tú eras niño.

Es muy curioso lo que pasa con las bebidas, ya que lo que probaste de joven en el caso de las que no son alcohólicas y las que tomaste por curiosidad ya con la mayoría de edad para saber a qué sabía eso que tomaban los mayores de tu familia y te parecieron sabores horrorosos, un día les das otra oportunidad ¡y te gustan!

Por un lado, se te dibuja una sonrisa por los recuerdos que te trae verte con ella en la mano. Pero, por otro lado, te cae una maleta de años encima. Nosotros nos quedamos con lo primero, con la nostalgia positiva que la comida y la bebida pueden despertar en las personas. 

Por eso, a modo de homenaje y recuerdo, hemos recuperado aquellas bebidas que gustaban a nuestros padres y que vistas en tiempo presente, parecen un poco “viejunas”, lo que no quiere decir que sigan estando muy buenas. Las hay, como verás, que nunca se fueron, otras viven una segunda juventud en la actualidad y también hay otras que apenas se oyen ya aunque siguen comercializándose.

Tónica

Es el gran paradigma de las bebidas que nos empiezan a gustar cuando nos hacemos mayores. Salvo excepciones, así ocurre con todos los bebedores de tónica. Parece que no ha pasado el tiempo hasta que en una sobremesa eres consciente de que la has pedido “para hacer mejor la digestión”. 

Mosto

Cuando eras pequeño, este zumo de uva obtenido tras exprimir y prensar dicha fruta procedente de la vid te daba incluso asco porque suele incluir la piel y las semillas, pero poco a poco le vas cogiendo el punto a su sabor dulce y aromático y acabas pidiéndolo como refresco para no beber nada con alcohol o gas. Desgraciadamente, ya no es tan fácil encontrarlo en los bares.

Anís

La botella vacía utilizada a modo de instrumento navideño es el recuerdo que tienes de esta bebida alcohólica que pasados los años decides probar como alternativa a los licores de moda ¡y te gusta! Ha sobrevivido al boom de la crema de orujo y sigue siendo la alternativa favorita de los que no disfrutan del omnipresente licor de hierbas en las sobremesas.

Gaseosa

Aunque esta bebida puede que la probaras siendo un niño, es raro que entonces te gustara porque te parecía una colección de gases en medio de un sabor amargo muy marcado. En cambio, a raíz de probarla con vino ya en la mayoría de edad, le empiezas a coger el gusto a los matices que aporta y no es de extrañar que ahora no te falte en la nevera si ya te has hecho mayor.

Vino quinado

Es una de las bebidas de la lista que menos presencia tiene en la actualidad, aunque se sigue comercializando. La quina, como la conocen muchos veteranos del lugar, es en realidad un vino quinado de sabor muy dulce. Lo surrealista es que se le atribuyeron beneficios para la salud lo que hizo que se popularizara su consumo entre los niños pese a que por mucho enriquecimiento con extractos de quinina que llevaran eran y son bebidas alcohólicas. Famoso es el personaje publicitario creado por la agencia de publicidad Canut&Bardina, Kinito, que ayudó al boom de la quina en España el siglo pasado.   

Bitter Kas

En 1966 Kas lanzó al mercado su famoso refresco rosado y amargo imitando un concepto de bebida muy arraigada en países como Italia. Era la bebida de mayores, porque ellos eran quienes la bebían, que los niños podían tomar también y así se asentó sobre todo en el norte de nuestro país, donde la marca española siempre ha tenido una presencia enorme. Por suerte, todavía puedes pedir un Bitter Kas en el bar, tal y como lo hacían tus padres.

Pacharán

Licor clásico donde los haya, esta bebida alcohólica de alta graduación conecta a muchas personas con aquellas sobremesas familiares en las que los mayores disfrutaban de un trago al terminar. Conseguida a partir de la maceración de endrinas, fruto de color negro azulado del endrino, en aguardiente anisado, es una bebida que recientemente se ha vuelto a poner de moda entre las generaciones adultas más jóvenes en entornos urbanos como Madrid. 

Agua con gas

Tan básico y tan sencillo, y al mismo tiempo tan poco visto en las terrazas de nuestros bares y en las neveras de casa. Lo que es una bebida de masas en otros lugares de Europa como Francia, en España, a excepción de zonas concretas como Cataluña, donde se bebe más, es un rara avis que además toman, generalmente, los mayores. Es difícil ver a un joven degustando agua con gas, así que si tú eres de los que la disfruta, posiblemente significa que te estás haciendo mayor.

Sol y sombra

La bebida “viejuna” por excelencia, la que antes sonaba a menudo en los bares, sobre todo por las mañanas, y ahora sorprende cuando su nombre sale a la palestra es el sol y sombra. ¿Sabes lo qué es? Pues una bebida alcohólica de alta graduación que mezcla brandy o coñac y anís dulce en la misma proporción generalmente y se sirve, esto siempre, en una copa de licor de tamaño pequeño. Una bomba que si no has probado tampoco pasa nada.

Vermú

La bebida de nuestros abuelos que más ha calado entre los jóvenes en la última década es el vermú, sobre todo en zonas donde ya tenía mucho arraigo como Madrid o Barcelona, donde no es raro volver a ver por las calles locales especializados en la venta de este producto. Se trata de un vino es un vino aromatizado con distintas hierbas aromáticas y especias que se puede encontrar blanco, más seco y de mayor graduación -de origen francés- o rojo, más dulce, cuyo origen es italiano, país desde el que llegó a Cataluña y también a Madrid, donde se popularizó.

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Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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