Trucos para que el pollo asado no quede seco

Te damos algunos consejos sencillos de aplicar en casa para que no vuelvas a tirar la toalla y acabes recurriendo a comprarlos una vez más en la tienda del barrio de comida para llevar.

¿No te ha pasado alguna vez al cocinar que has replicado una receta difícil a la perfección y en cambio las cosas que parecen más sencillas son las que más se te resisten? Si eres cocinillas, seguro que sabrás de lo que hablamos. A cada persona le pasa con un plato, pero todos tenemos nuestro talón de Aquiles: la tortilla de patata, la bechamel de las croquetas o simplemente conseguir el equilibrio perfecto en un guiso tradicional como las lentejas. Hay veces que no hay forma.

A mí me pasaba, por ejemplo, con el pollo asado. Incapaz de conseguir que no quedara jugoso, acabé aceptando mi fracaso al enfilar camino del puesto de pollos asados del barrio cada vez que tenía antojo de comerlo alguien en casa. Pero un día, después de retomar las fuerzas suficientes, decidí tirar abajo este muro poniendo en práctica diferentes trucos que había ido recopilando de distintas fuentes.

Preparación previa

Llegué a la conclusión, en primer lugar, de la importancia de preparar bien el pollo. Un truco muy efectivo para que el calor penetre de forma uniforme en el animal y no deje zonas excesivamente secas es abrir bien los muslos antes de meterlo en el horno. Además, me apunté un truco de la abuela para poner en práctica en este momento previo al cocinado: poner pequeñas porciones de mantequilla entre la piel del animal y su carne separándolas ligeramente para aportarle jugosidad. Si no te pasas, también funciona.

La hidratación justa

Pollo asado
Pollo asado (Foto: iStock)

Por otro lado, aunque afecta más al sabor que al punto, también me percaté -cuando uno es aprendiz y novato en la cocina es lo que tiene- de que la hidratación excesiva perjudica al pollo porque lo cuece en vez de asarlo, que no es lo mismo. Se puede añadir caldo de pollo, zumo de limón o cerveza incluso, por citar tres ideas, pero siempre en una cantidad moderada. Piensa que el momento de la salsa es cuando esté en el plato dispuesto para comer, no durante el tiempo que pase en el horno.

Si prefieres simplemente mojarlo, algo que tampoco es mala idea, un truco fantástico es asar el pollo sobre una bandeja de tipo rejilla y colocar justo debajo un reciente de barro donde recoger el jugo que vaya soltando. Puedes aprovechar a meter unas verduras al gusto y unas patatas en dicho recipiente si quieres que cojan más sabor y sean el acompañamiento perfecto o simplemente recoger el jugo y después ligar a partir de él una salsa que aporte la jugosidad necesaria para que el pollo resulte gustoso en boca.

Potencia su sabor

Por último en lo que respecta al preparado, también le perdí el miedo a manipular la parte interior del producto. Colocar un par de rodajas de limón y salpimentar bien en esta zona ayudará, sin duda alguna, a potenciar su sabor y a evitar que resulte seco. Hay quien introduce más ingredientes, como por ejemplo a mitad de una cebolla. Lo importante en este punto es que sepas que conozcas la importancia que tiene para el horneada preparar el pollo por dentro y no solo en su superficie, donde, por cierto, es interesarte no aplicar sal hasta el último momento, porque atrae en exceso la humedad y puede impedir que por ello que la piel quede crujiente. 

El control de la temperatura y el tiempo

pollo
Pollo asado (Foto: iStock)

Una vez “vestido” a tu gusto, es hora de introducirlo en el horno, segunda parte del cocinado, tan importante o más que la preparación previa por mucho que creas que esta la hace sola el horno. No es así, ni mucho menos. Si quieres un pollo jugoso, debes controlar la temperatura y el tiempo. Dependerá precisamente del tiempo del que dispongas para elegir la temperatura, aunque debes evitar a toda costa las temperaturas muy altas para que el pollo absorba bien su propio jugo y no quede seco. La paciencia y la previsión para cocinarlo con la suficiente antelación como para no tener que comer a las 4 de la tarde, son este sentido los mejores trucos. 

Por último, un par de consejos más con respecto al horneado. Por un lado, evitar algo en los que muchos novatos caemos en la cocina por mucho que sepamos que es un error de bulto: abrir innecesariamente el electrodoméstico. El horno perderá calor y al modificarse la temperatura es posible que pierda homogeneidad al cocinarse. Es recomendable abrirlo, pero solo para ir cambiando la posición del pollo en la bandeja. Si nunca lo has hecho, prueba a ir rotándolo en orden hasta acabar con la pechuga hacia abajo para que los jugos queden concentrados en esta zona, que a priori es la más seca de este producto. 

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