10 cosas que debes saber sobre los antibióticos

Conocer las enfermedades sobre las que actúan o cómo administrarlos te ayudará a usar los antibióticos de forma más efectiva.

1. Actúan frente a las bacterias, pero son inútiles ante los virus, por eso, enfermedades víricas comunes como la gripe o la neumonía no responden al tratamiento con antibióticos.

2. Nunca deben autorrecetarse. Los antibióticos atacan los gérmenes, pero también debilitan las defensas. Si los utilizamos contra microbios inmunes a ellos, estamos perjudicándonos en balde. Además, cuando los suministramos de forma continua, al menor síntoma, los gérmenes se acostumbran a ellos por lo que dejan de ser eficaces. Por esa razón solo deben tomarse por indicación del médico.

3. Hay dos tipos de antibióticos. Las sulfamidas son bacteriostáticas, es decir, detienen la multiplicación y el crecimiento de las bacterias. Las penicilinas tienen una función bactericida, las matan. Estos antibióticos no deben tomarse al mismo tiempo, pues su acción disminuiría o se alteraría.

4. Tienen distintas indicaciones. Hay antibióticos que actúan solo contra unos microbios concretos, mientras otros son efectivos frente a un mayor número de ellos. Por esta razón a veces es conveniente que el médico realiza un antibiograma, que consiste en efectuar cultivos de secreciones orgánicas para determinar con precisión el germen responsable de esta enfermedad. De este modo se puede prescribir el mejor antibiótico.

5. El tratamiento debe seguirse hasta el final. Algunos pacientes dejan de tomar los antibióticos cuando los síntomas de malestar desaparecen. Esto es un error porque, aunque éstos hayan remitido, no significa que las bacterias hayan sido eliminadas totalmente. Generalmente es fundamental tomar los antibióticos durante 8 días seguidos para garantizar la curación. En cualquier caso, deben respetarse las dosis indicadas por el médico así como el intervalo de tiempo que ha de pasar entre cada toma. Así podremos mantener los niveles adecuados de fármaco en la sangre.

6. Algunos deben coincidir con las comidas para mejorar su absorción. Es el caso de las sulfamidas, que deben tomarse después de comer. Con las tetraciclinas sucede lo contrario. Su acción es más lenta en presencia de alimentos y disminuye especialmente cuando se trata de leche o derivados lácteos. En general, se aconseja evitar las bebidas alcohólicas, que restan potencia a estos fármacos.

7. La edad del paciente determina la presentación del medicamento. Los niños cuentan con jarabes y gotas, más fáciles de administrar. A partir de los 12 o 14 años se utilizan envases para adultos: pastillas y cápsulas. Cada presentación tiene una absorción diferente que lo hace más o menos indicado para tratar una enfermedad.

8. No deben mezclarse con ciertos fármacos. Por este motivo, si estás tomando anticonceptivos orales, tranquilizantes o cualquier otro medicamento debes comentarlo con el médico antes de tomar antibióticos.

9. Pueden provocar reacciones alérgicas. A veces los síntomas son leves: pequeñas molestias o erupciones en la piel, pero en otras ocasiones como sucede con la penicilina, produce un cuadro grave.

10. Las embarazadas deben extremar las precauciones. Los antibióticos pueden afectar al desarrollo del feto, sobre todo durante los tres primeros meses de gestación. Para evitar problemas es imprescindible consultar con el ginecólogo sobre el tratamiento. También, si los antibióticos deben tomarse tras el parto, es conveniente suprimir la lactancia al bebé.

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