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¿Cuál es la mejor forma de conservar la hogaza de pan en rebanadas para que aguante más días?

En bolsa de tela, panera, plástico o congelador, incluso en el cajón en el que lo guardaban las abuelas, ¿cuál de ellas es mejor opción?

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Los panes de hogaza cortados en rebanadas ya no son un rara avis en las casas. Las panaderías y también los supermercados tienen máquinas para preparar así este tipo de pan que es muy versátil y cómodo porque se puede usar para el desayuno pero también, por ejemplo, para disponer de raciones individuales en las comidas de diario.

Si no hace mucho que compras el pan de hogaza en rebanadas es bastante probable que estés haciendo pruebas en casa para ver cómo se conserva mejor, de manera que te dure un poquito más y que no se ponga ni tan duro que sea imposible comerlo ni tan reblandecido que cueste disfrutar de él. 

Habrá quien te ha recomendado las paneras, las cuales han vuelto con fuerza a las colecciones de decoración y productos para el hogar; habrás oído también de las virtudes de las bolsas paneras de tela de toda la vida que parece que se están recuperando, y quien te habrá avisado de la buena idea que es guardarlo en porciones pequeñas en el congelador. 

Las tres opiniones tienen bastante razón porque son las tres maneras más eficientes de conservar el pan de hogaza en rebanadas durante más tiempo en unas condiciones dignas. 

Controlar la humedad es la clave

La clave es mantener el equilibrio de humedad correcto en el pan, para lo cual la tela o el recipiente cerrado como la panera ayuda más que el plástico, donde se genera humedad y por lo tanto el pan la absorbe, y el papel, que tampoco le aísla igual, facilitando que ocurra justo lo contrario, que se seque. En el caso de la bolsa de tela, una vez guardado el pan, conviene colocarla en un lugar fresco, seco y alejado de la luz directa.

El congelador, pensarás, es un foco de humedad, pero lo cierto es que las temperaturas extremas no tienen por qué ser sinónimo de humedad, sino más bien de ambientes secos. Siempre y cuando congeléis el pan en un recipiente hermético o bien aislado del frío directo, el efecto es como si se fosilizara el pan, que no recupera el crujiente original de forma natural pero al menos no se estropea y basta con calentarlo un poquito en el tostador (mejor si se deja un poquito a temperatura ambiente primero) para que esté en muy buenas condiciones.

Una cuarta alternativa que recomiendan algunos panaderos para conservar el pan si no lo quieres congelar es el “cajón de la abuela”, donde el pan respira mejor que en recipientes herméticos y al mismo tiempo está protegido de las corrientes de aire. Esta es también una buena opción si pensáis consumirlo en pocas horas; por ejemplo, para el pan del día.

De todos modos, además de optar por alguna de estas formas de conservación descritas, es importante escoger bien el tipo de pan que quieres conservar en rebanadas. En este sentido, no hay duda: siempre será mejor la hogaza que la barra porque la primera tiene una corteza gruesa pero en menor superficie, por lo que se seca más lento, y siempre mejor un pan artesano, elaborado con masa madre y sin las técnicas industriales, que fermentan el pan solo una vez antes de congelarlo y hornearlo después en hornos de aire forzado. El pan, por este motivo, se seca o pierde calidad antes de tiempo, mucho antes que los 4 ó 5 días que puede aguantar bien el par elaborado de manera artesanal en panaderías de calidad. Este último habrá que tostarlo para que recupere parte del crujiente habitual pero se podrá comer perfectamente. 

De todo lo dicho hasta ahora solo hay una excepción, la de los panes blandos, tipo molde o de hamburguesas. ¿Por qué? Porque al ser ya un pan blando, la bolsa de plástico es un conservante ideal ya que permitirá que no se reseque y siga blando lo máximo posible ya que el pan mantendrá su humedad y seguirá tierno.

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Rubén García

Rubén García

Durante años me dediqué a la comunicación deportiva, pero me di cuenta a tiempo de que en mi otra gran pasión, la gastronomía, no era tan alto el riesgo de sufrir esguinces de tobillo. Ser "entrenador personal" del paladar es mucho más placentero. Yo me lo guiso, yo me lo como, y de paso lo comparto, porque las comidas inolvidables son las que se disfrutan en buena compañía.

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