¿La miel caduca? Consejos para conservarla correctamente

A veces, tiramos ciertos alimentos cuando vemos que ha llegado la fecha de caducidad del envase. Y la miel puede ser un buen ejemplo de ello. Pero, ¿realmente caduca?

Lo cierto es que son muy pocos los alimentos que podríamos considerar como “inmunes” al paso del tiempo; es decir, que no tienen fecha de caducidad. Entre ellos, por ejemplo, podemos encontrarnos con la sal o el azúcar. Y, por supuesto, la miel. 

Pero es cierto que consumir arroz crudo o sal no es comparable al sabor dulce de la miel, principalmente por el hecho de que procede de la colmena. Debido a ello, al tratarse de un alimento vegetal, es normal que cuando nos encontramos con un tarro en la despensa pasado de fecha, dudemos acerca de su consumo.

En el caso de la miel, no nos encontramos ante una fecha de caducidad, sino que, en realidad, se trata de la fecha de consumo preferente, la cual debe figurar en el envase. En este caso, tienden a ser fechas de consumo comúnmente más amplias, dado que el riesgo para la salud es bajo. 

Pero es cierto que, con el tiempo, pueden producirse algunos cambios que no solo son organolépticos, ya que también puede aumentar la acidez o la humedad, por lo que es imprescindible incluir una fecha de consumo preferente.

Se trata, por tanto, de una fecha que indica que, a partir de ese momento, en algunos casos puede producirse un cierto deterioro sensorial (relacionado con la apariencia, el color, el sabor o el olor del producto en cuestión), pero que no implica ningún tipo de riesgo sanitario.

¿Por qué no caduca la miel?

En realidad, la miel no caduca. Y esto se debe a varias razones. En primer lugar, contiene mucho azúcar (se estima que contiene un 38% de fructosa, un 31% de glucosa, un 7% de maltosa y otros azúcares).

De hecho, basta con mirar los dulces y golosinas que se nos han podido quedar olvidados durante 2 años en la guantera de nuestro coche; no se han estropeado gracias a su altísimo contenido en azúcar, que actúa como conservante natural. Pero esta no es la única razón por la que la miel no caduca.

Fecha de caducidad de la miel
Foto: Istock

También contiene muy poca agua. Y, sin agua, no hay bacterias que puedan asentarse. A lo que se le une su textura altamente viscosa, una gran presión osmótica y una acidez notable. Lo que, al final, dificulta la presencia de los microorganismos, principalmente porque no pueden resistir la deshidratación. 

Además, contiene una cierta cantidad de peróxido de hidrógeno, que aparece como resultado de la oxidación de la glucosa, el cual destaca por ser un potente antimicrobiano. Y también cuenta con sustancias fenólicas, que proporcionan cualidades antibacterianas y antifúngicas.

De ahí que, por lo general, la miel tienda a ser un producto de larga conservación, que difícilmente caduca. Pero esto no implica que no pueda estropearse. De hecho, se dice que la miel caduca a los 2-3 años, a partir del momento en que ha sido envasada, porque puede acabar estropeándose, perdiendo muchas de sus cualidades organolépticas.

También debemos tener en cuenta que la miel tiene la capacidad de absorber la humedad presente en el ambiente, por lo que, a la vez que diluye la concentración de azúcares, puede aumentar su contenido en aguas, por lo que algunos microorganismos podrían acabar proliferando.

No obstante, esto suele ser más común en envases y frascos de miel mal cerrados, y conservados en áreas húmedas, lo que puede motivar que la vida del producto se acorte. De ahí que sea esencial mantener un cierre adecuado y conservar la miel en un ambiente seco.

Consejos útiles para conservar la miel correctamente

Es fundamental que la miel se conserve preferiblemente en un tarro de cristal, dado que el vidrio es un material neutro; además, podemos controlar el color, la fluidez y la pureza del producto.

También es aconsejable almacenarla a temperatura ambiente, en un lugar fresco, oscuro y seco, a una temperatura entre 10 ºC y 20 ºC, manteniéndolo alejado de la luz solar directa. Por ello, no es recomendable conservarla cerca de un horno o cerca de cualquier fuente de calor.

Por otro lado, dado que la miel puede solidificarse y cristalizarse (se trata de un proceso totalmente natural), podemos calentar el tarro de cristal al baño maría, pero sin dejar que el agua hierva.

Christian Pérez

Christian Pérez

Creador de contenidos especializado en nutrición, lifestyle y salud. Y lo más importante: Papá de 2 niñas.

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