Rollitos vietnamitas

Una deliciosa receta oriental, paso a paso, rellena de gambones y verduritas.

Tiempo de preparación: 60 minutos
Vegetarianos

Ingredientes:

  • 1 paquete de fideos de arroz
  • 2 puñados de brotes de soja
  • 1 cebolleta
  • 1 zanahoria grande o 2 pequeñas
  • 5 o 6 gambones
  • ½ repollo
  • 1 diente de ajo
  • 1 trozo de jengibre
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Salsa de soja
  • Vinagre de arroz
  • 1 cucharadita de maicena
  • 1 paquete de pasta laminada especial para rollitos

Elaboración:

  1. Poner los fideos de arroz en un recipiente con agua caliente e hidratar el tiempo estimado por el fabricante. Escurrir, cortar y reservar.
  2. Lavar la zanahoria, cebolleta y repollo, pelar o retirar las capas exteriores y cortar en finas tiras.
  3. Lavar y pelar los gambones. Cortar en pequeños pedazo.
  4. Pelar y picar el diente de ajo y un trozo de jengibre muy finito.
  5. Añadir un poco de aceite a la sartén y sofreír el ajo y el jengibre.
  6. Incorporar las gambas y sofreír unos minutos. Retirar del fuego y reservar.
  7. En el mismo aceite, sofreír la zanahoria con el repollo y la cebolleta.
  8. Añadir salsa de soja, vinagre de arroz y maicena diluida en agua.
  9. Apartar las verduras del fuego y mezclar con las gambas, los fideos de arroz y los brotes de soja.
  10. Rellenar y cerrar los rollitos.
  11. Freír en aceite muy caliente y, una vez dorados los retirar del fuego, eliminar el exceso de aceite con un papel y servir.

Consejos y apuntes: Si no encuentras la pasta para hacer rollitos, puedes intentar realizarla en casa. Se trata de un proceso bastante laborioso, sobre todo el secado de la misma. Para ello, solo necesitarás 250 mililitros de agua, 125 gramos de harina y un poco de sal. Mezcla bien todos los ingredientes con una batidora, para que no queden grumos. Calienta una sartén o plancha antiadherente, engrásala con una gotita de aceite. Baja la temperatura del fuego y, con la ayuda de una brocha o pincel, crea finas láminas de masa, como si estuvieras haciendo tortitas. Cuando estén cocinadas, retíralas con cuidado de no quebrarlas y mételas en el congelador. Para ahorrar espacio, puedes apilarlas, espolvoreando entre capa y capa un poco de harina o maicena.

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