¿Es la mantequilla tan mala como pensamos?

La mantequilla, fuente de grasas saturadas, es uno de los alimentos que se ha demonizado en los últimos años. ¿De verdad es así?

¿Es la mantequilla tan mala como pensamos?

Prácticamente en su totalidad es grasa (un 80 %) y siempre se ha considerado un alimento muy rico en colesterol y, por lo tanto, malo para la salud de nuestro corazón. Un estudio acaba de demostrar que esta afirmación es una verdad a medias.

Una investigación publicada en la revista PLoS ONE  y de la que se ha hecho eco la revista Time, investiga la relación entre el consumo de mantequilla y el aumento de posibilidades de padecer una enfermedad del corazón. Tras analizar a más de 600.000 individuos de 15 países diferentes y con seguimientos anuales de 6,5 millones de personas, llega a una conclusión muy clara y que contradice lo que se ha dicho hasta ahora sobre este alimento: no hay ninguna relación entre el consumo de mantequilla y el aumento del riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.

Otra de las conclusiones también resulta bastante sorprendente es que el consumo de mantequilla podría ser un ingrediente ligeramente protector frente a la diabetes tipo 2, una de las enfermedades más peligrosas en la actualidad y que se está convirtiendo en un auténtico problema.

El consumo moderado de mantequilla no tendría ninguna relación con el riesgo de sufrir problemas de corazón y podría proteger frente a la diabetes.

¿Ángel o demonio?

Uno de los alimentos que más se ha demonizado en los últimos tiempos, ¿realmente es un ángel?

En realidad lo que se desprende de este estudio no es que la mantequilla sea buena, sino que “no parece ser muy perjudicial o beneficiosa”, citando textualmente las palabras del autor del estudio, el doctor Dariush Mozaffarian, decano de la Escuela Friedman de Ciencia y Nutrición política de Tufts en Boston (Estados Unidos). Básicamente que deja de ser un demonio aunque todavía no llega a categoría de ángel.

Son muchos los científicos que defienden esta teoría en un mundo en el que las grasas son el enemigo número 1 a batir. Algunos expertos piensan que la reducción drástica de la cantidad de grasa (incluyendo las grasas de origen saturado) puede hacer más mal que bien.

Evidentemente los aceites vegetales, con nuestro aceite de oliva a la cabeza, y las grasas de los frutos secos o de pescados, como el salmón, son más saludables que la mantequilla, eso nadie lo discute.

El problema está en que muchos alimentos bajos en grasa, derivados de la carne de pavo, por ejemplo, o considerados ligeros, como la mayoría de los copos de maíz que se comercializan como una alternativa saludable a las grasas, en realidad son ricos en sodio, que es peor que la mantequilla. En los últimos años muchos nutricionistas han mostrado su preocupación por la eliminación de alimentos con grasa saturadas de la dieta a favor de productos que se presumen saludables y que, en realidad son mucho más dañinos para la salud. Las grasas saturadas son mejores que los carbohidratos procesados, como el azúcar o el pan blanco, que se han relacionado directamente con enfermedades tan peligrosas como la obesidad, la diabetes y los problemas cardiovasculares.

Con respecto al estudio, los expertos aseguran que hace falta profundizar más en esta cuestión con más investigaciones que nos permitan entender por qué ocurre esto.

Se cree que la razón podría ser que las gasas presentes en los lácteos también tienen grasas monoinsaturadas, que mejoran el nivel de azúcar en sangre y la sensibilidad a la insulina.

Con esto, la conclusión a la que podemos llegar es que prácticamente cualquier alimento, siempre tomado con moderación, se puede consumir sin ningún problema. La clave está en apostar por una dieta sana y equilibrada.

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