¿Por qué son más caros los productos ecológicos?

La diferencia de precio suele ser sustancial, te contamos si también lo es su calidad.

No debemos hablar de novedad cuando nos referimos a los productos ecológicos. El boom inicial ha pasado, también los debates más calientes entre partidarios y detractores, y se ha pasado a una fase de estabilidad, donde lo orgánico es lo que tiene que ser, una opción más para los consumidores, que en España aumentaron el consumo de alimentos orgánicos en más de un 12% según estudios recientes

A día de hoy no existen evidencias científicas irrefutables de que los productos de origen ecológico sean más saludables o nutritivos -hay estudios que defienden ambas posturas-, por eso nuestro objetivo en este caso es simplemente práctico, porque tenemos la percepción de que el consumidor medio todavía hoy se sigue preguntando por qué son tan caros los productos orgánicos, los de la hojita verde, el sello de garantía europea. No basta con el argumento de la no presencia de químicos, que al final es el único que queda en el ambiente, como si fuera la explicación para todo lo que tiene que ver con la producción ecológica, cuando detrás hay mucho más más.

Producir al ritmo de la naturaleza

Productos ecológicos
Productos ecológicos (Foto: iStock)

Para profundizar en el asunto, le hemos pedido ayuda a Blanca Entrecanales, fundadora de la Dehesa El Milagro, una granja especializada en ganadería y agricultura ecológica. Le hemos pedido algo tan sencillo como que nos explique las diferencias sustanciales entre un tipo de producción como el de su negocio y otro tradicional: “Se trata de producir alimentos y criar animales al ritmo de la naturaleza sin perjudicarla; y no solo eso, ya que, gracias a las sinergias que se dan entre animales y agricultura, incluso  mejorándola”, expone Entrecanales, que cita el ejemplo de la ganadería regenerativa para demostrar su afirmación.

Esta fórmula consiste en lo siguiente según palabras de la experta: “Mediante la rotación del ganado por las diferentes parcelas, al estar poco tiempo en cada una, favorecen el enraizamiento y así se va consiguiendo que se profundice y se esponje más, y con la materia orgánica del estiércol de las vacas se le aporta materia orgánica y se consigue poco a poco ir mejorándolo. Esto es bueno para mejorar las praderas, que son buenos sumideros de carbono. [...] Cuidar el suelo es lo principal para cultivar en ecológico”.

Conseguir de manera interna el abono natural para la huerta a través del estiércol compostado de los animales, la aportación de las aves en que viven con autonomía en amplios espacios, o la autosuficiencia también a la hora de producir la alimentación del ganado, son algunas otras de las sinergias que promueven el medioambiente que caracterizan a las explotaciones de base ecológica como la fundada Blanca Entrecanales, situada en la provincia de Toledo. 

Mayor mano de obra

Una vez expuestas las diferencias del modelo de negocio, resulta más sencillo comprender por qué el precio final de los productos es más caro, ya que el hecho de que la producción sea más costosa es uno de los factores que más influye en ello, aunque no sea el único, tal y como explica Entrecanales: “En la agricultura ecológica se utiliza más mano de obra, y además, en la ganadería, la alimentación a base de pienso ecológico es más cara. Otro factor que puede encarecer, por ejemplo en el pollo, es que la raza que se usa (por lo menos nosotros), es de crecimiento lento, vive más tiempo, pareciéndose más a las aves que viven en la naturaleza. Los pollos de cría convencional son-en general- de una raza creada expresamente para tener más pechuga en poco tiempo, y esto hace que los animales sufran de alguna manera un desequilibrio entre su masa muscular y sus órganos vitales. Además, el obtener las certificaciones necesarias es otro factor que también encarece”. 

No es, por lo tanto, el hecho de que no presenten productos químicos este tipo de alimentos el motivo por el que son más caros, sino que se dan una confluencia de varios de distinta naturaleza que hacen que el coste total de la producción sea mayor y por tanto requieran de un mayor esfuerzo por parte del consumidor. Un esfuerzo que tiene su recompensa no solo en el sabor y la calidad sino, sobre todo, en el cuidado del medioambiente.  

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