Qué son y para qué sirven los hidratos de carbono

Los carbohidratos son la base de nuestra pirámide alimenticia, la “gasolina” que nuestro organismo necesita para ponerse en acción.

Función de los carbohidratos

Las dos funciones principales de los carbohidratos son:

Energética: los carbohidratos funcionan como reserva energética, pudiendo usarse de manera inmediata porque las despensas energéticas tienen la capacidad de movilizarse rápidamente para producir glucosa en caso de que sea necesario. Esta función hace que el aporte de hidratos de carbono tenga que ser diario.

Reguladora: la celulosa (fibra alimentaria) se encarga de regular el tránsito intestinal, teniendo además de éste, otros efectos beneficiosos para la salud como: disminuir el estreñimiento ablandando las heces y aumentando su volumen, aumentar la sensación de saciedad, ralentizar el vaciado de estómago, disminuir la absorción de sustancias (como el colesterol), en el caso de diabéticos, disminuye la subida de azúcar en sangre, posible efecto protector contra cáncer de colon y enfermedades cardiovasculares.

Desde el punto de vista nutricional, existen dos grandes grupos o tipos de hidratos de carbono:

Azúcares o carbohidratos de asimilación rápida (simples): los carbohidratos de absorción rápida son aquellos que el cuerpo asimila enseguida una vez los ha ingerido. Los hidratos de carbono que figuran entre esta categoría son los denominados como carbohidratos simples, y también son carbohidratos de asimilación rápida aquellos que contienen un índice glucémico más elevado.

Almidones o féculas (complejos): se encuentran en los alimentos elaborados con cereales, como el pan, las galletas saladas o crackers, la pasta y el arroz. Como ocurre con los azúcares simples, algunos alimentos que contienen hidratos de carbono complejos son más saludables que otros. Los cereales refinados, como la harina blanca o el pan blanco, han sido procesados, lo que elimina parte de los nutrientes y la fibra que contenían originalmente. Pero los cereales no refinados contienen todas las vitaminas y minerales. Además, son ricos en fibra, que ayuda a que el sistema digestivo funcione mejor. La fibra también favorece la sensación de saciedad, lo que hace más difícil pasarse de la raya comiendo estos alimentos. Esto explica por qué un buen tazón de avena te llena más que unas cuantas golosinas que contengan las mismas calorías que el tazón de avena.

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