¿Son seguros los conservantes alimentarios?

El peligro no está en los aditivos, sino en el alimento en su conjunto. Entonces, ¿en qué debes fijarte?

  • Autora: Inma Coca

El tan repetido “sin conservantes ni colorantes” ha conseguido demonizar sustancias que, por sí mismas, más que ser perjudiciales para la salud, salvan vidas. Y es que el peligro no está en los aditivos, sino en el alimento en su conjunto. Entonces, ¿en qué debes fijarte?

Cada día tenemos más información (tanto en cantidad como en calidad o de fácil acceso) sobre los productos que consumimos y su efecto en nuestra salud. Sin embargo, a pesar de ser los consumidores más informados de la historia, las enfermedades derivadas de una mala alimentación son más habituales que nunca. En este saco, podemos incluir desde el sobrepeso hasta algunos tipos de cáncer, pasando por la hipertensión o la diabetes.

Y no, la culpa de que esas enfermedades sean ahora más frecuentes que hace cincuenta años no es de ‘eso’ que se le añade a los productos que consumimos, sino del conjunto de nuestra alimentación. Y es que, de la misma forma que vivimos en la época con más información, también es la de una mayor seguridad alimentaria.

Así nos los traslada Beatriz Robles, experta en salud alimentaria y autora de Come seguro comiendo de todo, quien insiste en que cada conservante o colorante que se añade a un producto ha sido estudiado y valorado por la autoridad europea de seguridad alimentaria. Además, “esta autoridad determina que ese aditivo es seguro, pero también en qué dosis y en qué alimentos”.

Beatriz nos pone un ejemplo muy claro con un alimento clave en nuestra dieta: “Deberíamos tomar más de 30 kilos de legumbres al día para que el conservante que suelen llevar nos llegase a afectar. Es algo imposible”. Es decir, cada producto que una empresa pone en el mercado debe contar con la aprobación de las autoridades, certificando que ese alimento es seguro tras analizar su composición.

Seguro, que no saludable

"El problema es que confundimos seguro con saludable. Un alimento que entre sus ingredientes cuenta con muchos aditivos o conservantes es seguro, por lo tanto, no nos vamos a intoxicar, no nos producen un cáncer, ni cualquier otra enfermedad”, destaca Beatriz y continúa, “pero eso no quiere decir que todo sea saludable. Hay alimentos ultraprocesados en los que vemos que la lista de ingredientes es inmensa y esto nos está diciendo que el problema es el alimento en su conjunto. Probablemente, sean materias primas de mala calidad, alto en azúcares, sales y grasas. Debemos valoraren alimento en su conjunto, no como ingredientes independientes”.

¿Mejor lo natural?

Según nuestra experta, la respuesta es “en absoluto”. La idea de que los conservantes naturales son más sanos es algo que no tiene justificación científica. “El origen del aditivo no nos está diciendo nada ni sobre su seguridad y ni si es más o menos saludable. Ni nos protegen más, ni nos perjudican”. También “el tan famoso ‘Sin E artificiales’ se ha puesto muy de moda, sobre todo, en la publicidad de algunos productos lácteos y no tiene sentido. La leche solo puede llevar un aditivo, solo hay uno autorizado y generalmente no se emplea. Podemos mirar cualquier marca de leche y no lo encontraríamos. Hacer campañas así es algo ridículo, una estrategia de marketing que pretende confundir al consumidor”, añade la experta.

Lo que sí debes tener siempre presente es que, naturales o artificiales, los conservantes son necesarios. Su función es preservar el alimento más tiempo evitando su deterioro. Sin conservantes, sería imposible que algunos alimentos llegasen a las baldas del supermercado en condiciones seguras y las intoxicaciones serían algo habitual. Los conservantes y aditivos nos permiten evitar intoxicaciones graves, esto es lo que debes tener presente.

Todo lo que compramos en un supermercado es seguro, pero eso no quiere decir que sea saludable.

Mujer leyendo etiqueta de una caja
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¿Ángel o demonio?

Atrás quedó (para nuestro propio beneficio) la época en la que la salazón o el ahumado eran la única manera de conservarlos alimentos. Hoy en día, disponemos de conservantes que ayudan a que tengamos una gran gama de productos a nuestro alcance y, lo más importante, sin que estos supongan un riesgo para nuestra salud. Repasamos los más habituales.

  1. Nitritos. Suelen encabezar la lista de los más denostados y es que su relación con algunos tipos de cáncer les han hecho convertirse en un ingrediente casi maldito. Su uso es común en productos cárnicos, ya que es la única forma de protegerlos de las bacterias que causan el botulismo, intoxicación muy grave que puede ser mortal.
  2. Sulfitos. Habituales en el vino, algunas salsas, así como en conservas vegetales o crustáceos, para que la oxidación no los oscurezca y sean menos apetecibles. En general, mejoran el aspecto de los alimentos y prolongan su vida útil. En este caso, como hay personas que pueden presentar alergia a este aditivo, es obligatorio destacarlo entre los ingredientes.
  3. Ácido sórbico, más conocido como E-200. Se obtiene tanto de forma natural como artificial (en parte, para abaratar costes, siendo esta la única diferencia). Es eficaz contra hongos, por lo que se utiliza en panadería, pastelería, lácteos, salsas y aderezos, refrescos o preparados, tanto vegetales como cárnicos.
  4. Ácido ascórbico. O, lo que es lo mismo, E-300. Se trata del antioxidante más común, por lo que son muchísimos los productos que lo incluyen entre sus ingredientes. En casa, lo puedes obtener directamente de frutas como el limón o la naranja, pero se suele utilizar la forma sintética en un proceso similar al que se obtiene la vitamina C. Otro igual de común, y del mismo grupo, es el E-330 (ácido cítrico), presente en casi un 20 % de los alimentos que consumimos.
  5. El E-322 o lecitinas. Está presente en uno de cada diez productos que podemos encontrar en el supermercado. Se trata de un emulgente que debe ser destacado entre los ingredientes, pues puede producir alergias, en parte, porque el origen de las lectinas puede encontrarse en el huevo o la soja.
  6. Glutamato. Mucho se ha hablado de este potenciador del sabor que suele aparecer como E-621 y que se añade desde a las patatas fritas a encurtidos y productos procesados o ultraprocesados. Al intensificarlos sabores, se desciende la cantidad de sal necesaria, pero el glutamato monosódico tiene algunos efectos negativos, como una cierta adicción, algo altamente relacionado ya de por sí con la denominada ‘comida basura’. Todos los E seguidos de un 6 entran en la categoría de saborizantes.

Los E-100 son aditivos colorantes. En su justa medida, no son peligrosos, pero sí totalmente innecesarios.

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