Leche entera, desnatada o semidesnatada: ¿cuál es mejor?

Te contamos todo lo que tienes que saber para elegir el producto lácteo más saludable, pero ya te adelantamos que no, la leche desnatada no es la más recomendable.

Existen muchos mitos entorno al consumo de leche. Aunque generalmente se nos dice que se trata de un producto imprescindible en la dieta, lo cierto es que los nutricionistas aseguran que no es necesaria y podemos no tomarla. Recuerda que se pueden obtener el calcio, las grasas y las vitaminas de otros alimentos saludables como los frutos secos o las verduras.

 

Otra de las creencias erróneas asociadas a este tipo de productos es que la desnatada es siempre mejor, y esto tampoco es cierto. Según su contenido de grasa, podemos encontrar en el supermercado diferentes tipos de leche de vaca: entera (entre un 3,5 y un 4% de grasa), semidesnatada (entre un 1,5 y un 1,8%) y desnatada (0,5% o menos). No son grandes diferencias, por lo que no deberían importarnos demasiado teniendo en cuenta, además, que el consumo diario de los lácteos tampoco es muy alto.

Por qué la leche desnatada no es tan buena como pensabas

Aún así, si hacemos caso a estos porcentajes, lo lógico sería pensar que la leche desnatada, por su menor contenido en grasa, sería la más recomendable para cuidar de la salud. Pues realmente no tiene por qué y de hecho, a día de hoy no existen pruebas científicas que demuestren que consumir lácteos desnatados es más beneficioso que tomarlos enteros. Al eliminar la grasa, se retiran también ciertas vitaminas importantes como la A y la D. También se pierde una cantidad minoritaria de tocoferol (vitamina E),  así como parte de la capacidad de absorción del calcio, que nuestro sistema absorbe mejor acompañado de la grasa de la leche. Por tanto, su valor nutricional no es especialmente interesante, a no ser que la enriquezcan. A su favor hay que decir que, al tener menos grasa, aporta también menos calorías. 

La leche entera ha estado estigmatizada durante mucho tiempo. Según los nutricionistas, la grasa de la leche entera no es perjudicial, tal y como se creía hace algunos años. De hecho, las grasas son nutrientes fundamentales para la salud, pues proporcionan energía, forman estructuras vitales y son precursoras de hormonas, entre otros beneficios. Precisamente en la grasa de la leche se encuentran algunas vitaminas importantes que debemos tener muy en cuenta. Además, el consumo de la leche entera se asocia una mayor sensación de saciedad a lo largo del día. Y no olvidemos que este tipo de leche es más palatable. Dos cualidades que convierten a este tipo de leche en la mejor para un niño, pues estará mucho más saciado a lo largo de la mañana y no de este modo no picará snacks poco recomendables para su salud, como la bollería industrial.

La conclusión es clara: la leche entera es la mejor opción. La semidesnatada puede ser una buena alternativa, ya que aporta los beneficios de las otras dos, siempre que no superemos el límite diario de grasas (un 10% del total). Además, tiene un sabor más equilibrado, frente a la intensidad de la entera y lo insípido de la desnatada.

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