¿Qué es el carbón dulce?

El carbón, ese fatídico regalo que pueden dejar los Reyes Magos en nuestro zapato si no hemos sido del todo buenos, es tan temido como desconocido para la mayoría, porque ¿sabes qué es realmente el carbón dulce? Te lo contamos.

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carbón dulce

Los nervios, las risas, la resistencia a irse a dormir y la ilusión forman parte de las escenas más típicas en los hogares cuando llega la noche de Reyes. Y un pequeño temor también se nos ha pasado a todos alguna vez por la cabeza: “que no me traigan carbón”.  

Lo primero que hay que decir es que esta tradición se remonta mucho tiempo atrás y que el carbón al que entonces se hacía referencia, era carbón real. Sin embargo, después esto cambió, y el carbón que los Reyes Magos traen a los niños a modo de reprimenda no es otra cosa que un goloso castigo, ya que es carbón dulce.

Una de las teorías más extendidas sobre el origen de esta tradición se atribuía al paje Carbonilla, que se encargaba de vigilar a los niños durante todo el año para ver qué tal se portaban y, si no eran buenos, se lo contaba a los Reyes Magos y era el propio paje el que dejaba el carbón en el zapato de los desafortunados niños. 

El ingrediente principal del carbón dulce es el azúcar y no poca, precisamente, ya que lleva azúcar glas y azúcar normal.

Para preparar carbón dulce, hay que hacer lo que se denomina glasa, que consiste en una mezcla de azúcar glas (necesitaremos unos 200 gr), una clara de huevo y una cucharadita del jugo de un limón. Se mezclan estos ingredientes hasta que se forme una masa espesa. Sin embargo, para que sea el temido carbón, tiene que ser negro, y para conseguirlo se añade a la mezcla anterior colorante alimentario de este color. Este colorante se puede encontrar en la mayoría de supermercados y tiendas especializadas en repostería.

A continuación tenemos que hacer el almíbar, es decir, mezclamos un poco de agua (unos 230 ml) con azúcar normal (unos 700 gr. de azúcar blanco). Llevamos esta mezcla a 130º C para que hierva y se quede a punto de bola dura. Las cantidades que hemos propuesto pueden variarse, pero siempre es importante tener en cuenta que la proporción tiene que ser alrededor de un 70%- 80% de azúcar y un 20% de agua, más o menos. Después, mezclamos la glasa anterior con el almíbar, movemos bien y esperamos a que aumente de tamaño. Cuando esto suceda, retiramos a un recipiente grande para que se pueda seguir expandiendo, dejamos que se enfríe (en este proceso se produce la cristalización del azúcar) y se solidifique y después ya estará listo para poder ser cortado en trozos. Una receta sencilla de la que podemos tomar nota si queremos gastarle una broma a algún familiar…

Y son precisamente esos trozos de carbón de los que hablábamos antes los que aparecerán en nuestros zapatos el Día de Reyes si no hemos sido del todo buenos, por lo que si te encuentras con un trozo de este “regalo”, no lo tires y endulza tu día mientras añades a tus propósitos para el nuevo año el objetivo de portarte mejor… ¡Felices y dulces Reyes!

Etiquetas: Dulce, Nutrición

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