Qué es la alcachofa de Jerusalén

No, no es una alcachofa, y tampoco originaria de Jerusalén. Descúbrelo todo sobre este tubérculo originario de América.

La alcachofa de Jerusalén, también conocida como tupinambo o topinambur no es ni una alcachofa, ni originaria de la ciudad santa. Se trata de un tubérculo con un aspecto similar al del jengibre, que procede de América y tiene un montón de beneficiosas propiedades para la salud.

 

La alcachofa de Jerusalén es una de las especies más antiguas de América del Norte, donde era muy apreciada por los indios americanos. No fue hasta principios del siglo XVII cuando llegó a Europa, concretamente a París, y a partir de entonces se fue haciendo más popular en el resto de países del continente. Su consumo fue desplazado por la patata, y no fue hasta la Segunda Guerra Mundial cuando comenzó a tomarse de nuevo. A día de hoy es muy popular en Canadá y Estados Unidos.

Propiedades nutricionales de la alcachofa de Jerusalén o tupinambo

La alcachofa de Jerusalén es un tubérculo muy interesante desde el punto de vista nutricional. Contiene minerales como el potasio, magnesio, sodio, calcio, hierro o fósforo. Es un buen aliado de la salud del intestino gracias a su alto contenido en inulina (fibra natural), que actúa como prebiótico protegiendo las bacterias de esta zona. Dicho polisacárido no se absorbe por el organismo, por lo que no libera azúcar, así que es perfecto para los diabéticos al no incrementar los niveles de insulina. Asimismo, limpia el tracto intestinal, siendo un estupendo alimento contra el estreñimiento. Es una hortaliza muy baja en sodio, por lo que aquellos que tienen problemas de hipertensión pueden consumirla sin problemas.

Vitaminas como la A, algunas del tipo B (tiamina, rivoflavina, niacina y biotina) y H también están muy presentes en la alcachofa de Jerusalén, pero sus bondades no acaban aquí. Además de reducir el colesterol y mejorar las defensas, la alcachofa de Jerusalén constituye un buen alimento si estamos tratando de perder peso. Tan solo contiene unas 25 kcal por cada 100 gramos, una cantidad bastante menor que las de otros tubérculos. Por si fuera poco, la mayor parte de esta hortaliza es agua (un 80%), así que es estupenda para eliminar toxinas.

Cómo utilizar la alcachofa de Jerusalén en la cocina

Su carne es de color blanco y su sabor, ligeramente dulce, que podríamos comparar con el de los espárragos y la alcachofa. El modo de empleo en la cocina es como el de cualquier otro tubérculo. Se puede preparar al vapor, frito o hervido, así como añadirlo a diversas preparaciones como sopas, cremas, potajes, pucheros o incluso ensaladas. Eso sí, lo único que has de tener en cuenta es que se oxida más rápido que otras hortalizas, por lo que es recomendable que una vez que la hayas pelado, le agregues unas gotitas de limón, ya sabes que este ingrediente actúa como conservante natural de los alimentos.

Hay quien se lo agrega al hummus y lo acompaña con unos chips de este mismo tubérculo. Otra alternativa para sacarle partido es elaborar harina con él, y es que al no contener gluten, es perfecta para sustituir la harina de cereales.

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