Los congelados, a examen

¿Son sanos, desde un punto de vista nutricional? ¿Congelamos y descongelamos correctamente? Descubre todo lo que necesitas saber sobre los alimentos bajo cero.

Hay quien piensa que los alimentos congelados no son tan sanos como los frescos, pero la Asociación de Dietistas y Nutricionistas de Madrid afirma que “la principal diferencia entre el alimento fresco y el congelado es que el segundo se ha sometido a una disminución de temperatura que produce la congelación de su componente principal, el agua.

Con ello, aumenta su vida útil y se asegura su calidad microbiológica, sin apenas alterar sus cualidades organolépticas”. No te extrañe que los productos naturales congelados contengan más vitaminas y minerales que los refrigerados, ya que los primeros son procesados justo en el momento de la recolección, siendo ese el momento de mayor valor nutritivo. Los grandes barcos pesqueros, por ejemplo, congelan el pescado en alta mar, lo que minimiza al máximo el tiempo transcurrido entre que el pez sale del agua hasta que está limpio, troceado y ultracongelado. La cosa cambia si lo consumes el mismo día que lo compras en la lonja, o si tienes un huerto que te provee de verdura para comerla nada más recogerla… pero como no suele ser el caso, comer congelados es una buena y sana solución cuando no se tiene posibilidad de ir a comprar a diario o en días alternos.

Por poner un ejemplo, la cantidad de vitamina C que aportan las espinacas frescas consumidas a los tres días de su recolección es menor que la que proporcionan las espinacas congeladas.

¿Se puede volver a congelar?

Aunque es bien sabido que los alimentos no se pueden volver a congelar una vez descongelados (por la proliferación de microorganismos), existe una excepción. Según indica la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, solo se puede volver a congelar un alimento que ya ha sido congelado si antes se ha cocinado, porque el calor intenso que se aplica elimina la mayoría de los microorganismos.

Las temperaturas superiores a los 65 °C pueden cambiar la estructura física y química de los alimentos y eliminar gran parte de las bacterias. Para que quede claro: si descongelas una merluza, por ejemplo, y la cocinas entera, luego podrás congelar lo que te sobre.

Descongelar los alimentos

Es preferible colocar el congelado en la nevera la noche anterior del cocinado. Si el alimento está envasado al vacío, se puede descongelar sumergiendo el envase en agua fría. Utiliza el alimento congelado si los vas a cocer en agua, hacer al vapor, cocinar a la papillote o en algunos guisos. Y no hay problema en freír directamente los productos que van rebozados, sin descongelar.

Descongela los alimentos sobre una rejilla o un colador, retirando previamente todos los envases, para que los jugos de la descongelación queden aparte.

La comida congelada se aprovecha más, ya que es más fácil calcular las raciones y no se desperdicia comida. Tampoco existe el riesgo de comprar algún alimento que se tenía previsto cocinar, pero que acaba en la basura estropeado. Ello, sumado a que suele ser más barata que la fresca, se traduce en un considerable ahorro en la cesta de la compra.

Es importante recordar también que los congelados son una muy buena opción, si se desean comer productos fuera de temporada. No resulta tan absurdo como traerlos desde la otra punta del planeta. No hay duda de que cada vez se compran más alimentos congelados en España y, según responsables de tiendas de alimentación, la venta de congelados se ha incrementado significativamente
durante el confinamiento.

Principales ventajas e incovenientes

Es innegable lo prácticos que resultan los congelados: con solo abrir esa parte del frigorífico se revela todo un mundo de alimentos (naturales o procesados) que duran muchísimo tiempo y que te salvarán de cualquier imprevisto.

Además, están ya limpios, troceados y, en ocasiones, ya casi listos para comer (las verduras para rehogar, las pizzas o las croquetas que solo requieren unos minutos de elaboración o muy poco trabajo por nuestra parte...). También conviene remarcar que los productos naturales congelados (verduras, pescado, marisco, etc.) no contienen aditivos ni conservantes.

Sin embargo, recuerda los que, quizá, sean sus únicos inconvenientes: el sabor cambia y la textura puede verse lago alterada en algunos casos. El proceso de congelación industrial, aunque no altera las cualidades nutricionales del alimento, sí que lo hace en nuestras papilas gustativas.

Errores habituales

  • Si vas a congelar alimentos, recuerda que, cuanto más frescos, mejor estarán. Intenta no esperar a que el pollo esté a punto de estropearse, si ya tienes intención de congelarlo.
  • Es importante saber el tiempo que aguantarán congelados sin perder propiedades: si tienes un congelador de 3 o 4 estrellas, los bistecs te aguantan entre 6 y 12 meses; el pollo, hasta un año; y, el pescado, solo 3 meses.
  • Para matar la bacteria del anisakis, la actual normativa indica que el pescado debe congelarse (en un congelador doméstico) a -18 °C, al menos, durante 5 días.
  • No sirven todos los recipientes. Los que están homologados están bien identificados con anagramas. Además, deben ajustarse al tamaño del alimento y ser herméticos, sin sobrecargarlos ni dejarlos medio vacíos.
  • Nunca pongas alimentos calientes directamente en el congelador, ¡podría estropearse! El electrodoméstico se enfrenta a un cambio de temperatura enorme que hace que se forme hielo en el evaporador interior.
  • No todos los alimentos se pueden congelar. Hay frutas y verduras que tienen mucha agua y forman cristales de hielo que rompen más sus células. La mayonesa tampoco, pues se corta.

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