Revista Mía

8 beneficios de la espirulina

¿Aún no conoces los beneficios de la espirulina? Te contamos todo lo que debes saber sobre ella.

Catalogada ampliamente y de manera errónea como un alga, la espirulina es una cianobacteria de color verde azulado y con forma de espiral. Este tipo de microorganismos son capaces de hacer la fotosíntesis y para crecer requieren la presencia de charcos, un entorno salino y un suelo alcalino. La espirulina resiste bien las condiciones desfavorables del medio, además de ser muy barata de producir.
Aunque quizá su nombre no te suene de nada o bien te resulte otra moda healthy más, lo cierto es que la espirulina desciende de la primera forma de vida fotosintética que surgió hace más de 3 500 millones de años.
Esta cianobacteria de llamativo color es muy rica en proteínas. Dependiendo de la cepa y de cómo se ha cultivado puede tener un 55-70 % de proteínas, cantidad nada despreciable, además de proporcionar al organismo los 8 aminoácidos esenciales. También tiene vitaminas del grupo B, betacaroteno, vitamina D, E y K, todas con una función destacada en la formación de glóbulos rojos. Y minerales como calcio, hierro, fósforo, magnesio, potasio, zinc…
-          Ayuda a combatir el cansancio y la fatiga mental por su gran contenido en vitaminas, minerales y oligoelementos.
-          Combate la anemia debido a la cantidad de hierro que contiene.
-          Puede servir para controlar el peso ya que reduce el apetito.
-          Es una aliada de riñones e hígado en su labor eliminando toxinas.
-          Echa una mano al sistema inmune en su lucha contra virus y bacterias.
-          Las personas que practican deporte pueden beneficiarse de ella porque mejora la resistencia y el rendimiento, ayuda en la recuperación de los músculos y reduce los calambres.
La forma más habitual de consumir espirulina es en polvo, generalmente mezclada con líquidos. También es común verla en formato cápsula y comprimido.
Aunque la mayoría de personas la tolera bien, a veces puede dar dolor de cabeza o molestias gastrointestinales. Por ello es recomendable incluirla en la dieta de manera gradual. Eso sí, no se recomienda su consumo a personas que sufran hiperuricemia, hipertiroidismo, enfermedades autoinmunes y fenilcetonuria. Tampoco es adecuada para las embarazadas ni para mujeres que estén dando el pecho.
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